El gran seductor del Ejército de los Andes
Mariano Necochea fue uno de los hombres más valientes de San Martín. Cruzó la cordillera desde Mendoza, sobrevivió a batallas imposibles y construyó una fama que mezcló heroísmo, romances y escándalos.
Redacción de Diario Mendoza
Mariano Necochea fue uno de los hombres más valientes de San Martín. Cruzó la cordillera desde Mendoza, sobrevivió a batallas imposibles y construyó una fama que mezcló heroísmo, romances y escándalos.
El paso del tiempo atenúa y distorsiona. Reconstruir uno de los asesinatos más crueles ocurridos en San Martín es un desafío. Por suerte, todavía queda gente memoriosa.
Entre capillas superpuestas, viejas estancias y caminos de polvo, la ruta 62 guarda una historia que sigue latiendo debajo del presente. En La Reducción y La Libertad, el pasado no desapareció: quedó enterrado bajo iglesias, viñas y nombres que todavía dicen más de lo que parece.
A veces un club de barrio nace así: con una confianza inesperada, una caja de leche en polvo y un domingo cualquiera. Después vienen las canchas, las camisetas, los campeonatos y la sensación de que un lugar puede cambiarle la vida a una comunidad entera.
Hace una década lo entrevisté en la cárcel. No hablaba, apenas se hacía oír a través de una válvula en la garganta. Había matado a sus cuatro hijos en 1994. Esta es la reconstrucción de aquel encuentro y de un caso que todavía resuena en silencio.
En octubre de 2009, una explosión en el barrio Mebna de San Martín reveló una decisión extrema: una familia que había llegado desde Buenos Aires buscando alivio terminó encerrada en su propia tragedia.
En Isla Chica, Maipú, sobreviven los restos de una antigua finca que muchos vinculan con Juan Domingo Perón. Entre documentos incompletos, testimonios orales y coincidencias políticas, la historia se mueve entre la certeza y el mito.
La miseria no deja lugar para otra cosa. Se instala en todos los rincones de la vida y ocupa, sin permiso, el espacio de la alegría, del descanso, del futuro. Incluso se adueña del tiempo, que deja de ser un horizonte para convertirse apenas en una herramienta de supervivencia.
Nadie sabe de dónde vino ni hacia dónde iba. No escuchaba, casi no veía y apenas se le entendían algunas palabras. Quienes viajaron con él dicen que fue a buscar a alguien que finalmente no encontró. Como casi todos en esta vida.
Desde la adolescencia hasta la vida adulta, muchas de las decisiones más importantes —cambios de ciudad, de trabajo, de rumbo personal— fueron tomadas caminando. Siempre de madrugada, en calles vacías o caminos sin destino. Una reflexión sobre el movimiento como forma de ordenar el pensamiento, enfrentar dudas y, a veces, cambiar el rumbo de la vida.
Su asesinato, una mirada sobre las tres cartas que marcaron su destino: la dirigida a la Junta Militar, la escrita tras la muerte de su hija Vicky y la que dejó a sus amigos. El periodista, el militante y el hombre que caminó hacia la emboscada del 25 de marzo de 1977 con un maletín lleno de palabras. Rodolfo Walsh, un emblema.
Su figura mezcla historia, mito y tradición oral. La vida del llamado “Robin Hood criollo” estuvo atravesada por la violencia, pero también por episodios marcados por relaciones afectivas que definieron su destino.
Durante treinta años, Marta vivió lejos de su pueblo gitano, en una casa perdida entre las montañas. Su trenza fue el único lazo que nunca se rompió.
Sobre el arte de habitar el recuerdo, donde la vejez y la nostalgia borran las cicatrices del pasado para devolvernos la mejor versión de quienes amamos.
El 8 de enero de 1931, bajo la Ley Marcial impuesta tras el golpe de Estado de 1930, Pedro Icazzatti fue condenado por un Consejo de Guerra y fusilado en la penitenciaría. Tenía 23 años. Es el único caso en que la pena capital se aplicó y se cumplió en la provincia.
Durante décadas, los troceros y camineros mantuvieron a mano los caminos de tierra en Mendoza. Entre cunetas, mates y tramos conocidos como “las 20 cuadras”, construyeron un oficio que combinó trabajo manual, presencia cotidiana en los barrios y una cultura propia dentro de Vialidad.
Un auto averiado, una ruta secundaria y un encuentro inesperado con dos empleados de Vialidad abrieron la puerta a una conversación sobre oficios, caminos y una forma de trabajo que todavía resiste.
Desde la ruta, desde el tren, desde la infancia, la idea de hogar siempre tuvo la forma de una ventana encendida.
Un techo sin barandas ni virtudes aparentes se vuelve, de noche, un refugio contra el ruido de la ciudad y un puente inesperado hacia otros cielos, otros tiempos y una forma íntima de estar a solas.