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HISTORIAS DE POR ACÁ

El gran seductor del Ejército de los Andes

Mariano Necochea fue uno de los hombres más valientes de San Martín. Cruzó la cordillera desde Mendoza, sobrevivió a batallas imposibles y construyó una fama que mezcló heroísmo, romances y escándalos.

necochea

La historia argentina está llena de próceres convertidos en estatuas. Hombres serios, solemnes, casi perfectos. Pero cuando uno empieza a raspar un poco, aparecen personajes mucho más interesantes. Y pocos fueron tan interesantes como Mariano Necochea.

Valiente como pocos, hombre de confianza de San Martín, protagonista de algunas de las batallas más importantes de la independencia y, además, dueño de una fama de seductor que recorrió medio continente.

Y aunque muchas veces se lo recuerda por sus campañas militares en Chile o Perú, hay algo fundamental: una parte decisiva de su historia pasó por Mendoza.

Porque fue acá donde terminó de consolidarse como uno de los oficiales más importantes del Ejército de los Andes. Fue desde Mendoza donde cruzó la cordillera rumbo a Chile. Y fue San Martín, justamente en esta provincia, quien le dio una de las responsabilidades más delicadas de toda la campaña libertadora.

Necochea había nacido en Buenos Aires en 1792, dentro de una familia acomodada. De joven lo mandaron a estudiar a España y volvió influido por las guerras contra Napoleón. Apenas regresó se sumó a las luchas revolucionarias y en 1812 entró al Regimiento de Granaderos a Caballo que organizaba José de San Martín.

Enseguida llamó la atención.

En la batalla de San Lorenzo peleó con tanto coraje que, con apenas veinte años, ya era capitán. Y desde ahí empezó a construirse su fama de guerrero bravo. Aunque no sería la única fama.

Porque Necochea también tenía otra habilidad: enamorar mujeres.

Los relatos de época lo describen como elegante, carismático y muy seguro de sí mismo. Y varias historias lo muestran envuelto en romances complicados, muchas veces con mujeres ligadas al bando español.

Una de las primeras fue Josefa Raimunda Marquiegui Iriarte, esposa del general realista Pedro de Olañeta. Algunos cronistas aseguraban que ella intentaba seducir oficiales patriotas para obtener información militar. Pero, según esas mismas versiones, terminó enamorándose de Necochea.

Él, en cambio, siguió adelante con su vida de campaña.

Más tarde se casó en Potosí con María Dolores del Puente y tuvo una hija, Benjamina. Pero el matrimonio duró poco. Las guerras, los viajes y el carácter inquieto del militar hicieron el resto.

Y mientras tanto, la leyenda seguía creciendo.

En 1815, durante una derrota patriota en el Alto Perú, Necochea logró escapar prácticamente solo. Cuando los realistas ya mataban o capturaban soldados, montó un caballo sin montura y salió sable en mano atravesando las filas enemigas. Era el tipo de historias que después recorrían los campamentos y convertían a un hombre en mito.

Pero el gran capítulo de su vida empezó en Mendoza.

Cuando San Martín organizó el Ejército de los Andes, eligió a Necochea para comandar el 5º Escuadrón de Granaderos, que además sería parte de la escolta principal del ejército. No era un cargo menor. San Martín confiaba muchísimo en él.

necochea
Mariano Necochea.

También cruzó la cordillera

A comienzos de 1817 cruzó la cordillera junto a las tropas patriotas y tuvo una actuación decisiva en Chacabuco. En plena batalla cargó desde la montaña contra los españoles que amenazaban las posiciones de O'Higgins y ayudó a definir el triunfo.

Después de la victoria ocurrió uno de los episodios más increíbles de toda su vida.

Mientras perseguía tropas españolas que escapaban rumbo a Valparaíso, Necochea se separó de sus hombres y vio un carruaje avanzar por un camino perdido. Antes de alcanzarlo, una banda de ladrones atacó el coche.

Un oficial español intentó defenderse y lo mataron.

Entonces apareció una joven desesperada llorando sobre el cuerpo del muerto. Necochea cargó contra los asaltantes y los mató.

La mujer era Josefa “Pepita” Sagra Morgado, esposa de un famoso coronel español.

Sí. Otra vez.

Necochea la llevó de regreso a Santiago y poco tiempo después comenzaron una relación amorosa que se volvió famosa en Chile.

La historia, obviamente, terminó mal para el marido.

Se cree que el coronel Morgado volvió clandestinamente a Santiago para enfrentar a Necochea y que hubo una especie de duelo. Lo cierto es que tiempo después San Martín descubrió que su oficial tenía una herida de bala en una mano. Esa lesión incluso le impidió participar en la batalla de Maipú.

Más adelante, Morgado fue capturado y enviado preso a San Luis. Murió intentando escapar.

Pepita quedó definitivamente junto a Necochea y protagonizaron una historia de amor bastante fuera de lo común.

La anécdota más increíble ocurrió cuando ella descubrió que Mariano extrañaba muchísimo a su hija Benjamina. Sin avisarle, cruzó los Andes hasta Buenos Aires, buscó a la niña y la llevó hasta Chile para reunirla con su padre.

Después, cuando entendió que la madre debía estar desesperada, volvió a cruzar la cordillera para devolverla y regresar nuevamente junto a Necochea.

Ni una novela se animó a tanto.

En 1821 el militar volvió a la guerra y partió hacia Perú. Participó en las campañas finales de la independencia y luego se sumó al ejército de Simón Bolívar.

Una actuación extraordinaria en la batalla de Junín

En la batalla de Junín tuvo una actuación extraordinaria. De hecho, muchos historiadores sostienen que su intervención fue clave para la victoria patriota. El problema fue el precio que pagó: recibió once heridas de lanza y estuvo a punto de morir.

Durante la recuperación ocurrió otra escena increíble. Los médicos recomendaban limpiar las heridas mediante succiones para evitar infecciones. Una dama española se ofreció a hacerlo. Pero cuando llegó Pepita Sagra, desplazó a todos y quedó al cuidado del hombre al que amaba.

Necochea sobrevivió otra vez.

Con los años decidió alejarse de las peleas políticas internas. Nunca le interesó demasiado ese mundo. En 1826 quiso sumarse a la guerra contra Brasil, pero Bernardino Rivadavia desconfiaba de él y le dio apenas tropas de reserva.

Poco después volvió definitivamente a Perú.

Allá era considerado un héroe. Había luchado junto a San Martín y Bolívar, había derramado sangre por la independencia peruana y el pueblo lo admiraba profundamente.

Murió en Lima en 1849.

Cien años después, el gobierno argentino pidió traer sus restos de vuelta al país. Perú respondió que no. Dijeron que Necochea había vivido más tiempo allí que en Argentina, que había elegido ser ciudadano peruano y que el pueblo peruano lo sentía propio.

Y probablemente tenían razón.

Pero Mendoza también puede reclamar una parte importante de su historia.

Porque fue acá donde San Martín terminó de convertirlo en uno de sus hombres más importantes. Fue desde esta provincia donde salió rumbo al cruce de los Andes. Y fue aquí donde empezó a crecer definitivamente la leyenda del guerrero valiente, temerario y seductor que terminó dejando huella en toda Sudamérica.

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