El gran seductor del Ejército de los Andes
Mariano Necochea fue uno de los hombres más valientes de San Martín. Cruzó la cordillera desde Mendoza, sobrevivió a batallas imposibles y construyó una fama que mezcló heroísmo, romances y escándalos.
Mariano Necochea fue uno de los hombres más valientes de San Martín. Cruzó la cordillera desde Mendoza, sobrevivió a batallas imposibles y construyó una fama que mezcló heroísmo, romances y escándalos.
Entre capillas superpuestas, viejas estancias y caminos de polvo, la ruta 62 guarda una historia que sigue latiendo debajo del presente. En La Reducción y La Libertad, el pasado no desapareció: quedó enterrado bajo iglesias, viñas y nombres que todavía dicen más de lo que parece.
Hace una década lo entrevisté en la cárcel. No hablaba, apenas se hacía oír a través de una válvula en la garganta. Había matado a sus cuatro hijos en 1994. Esta es la reconstrucción de aquel encuentro y de un caso que todavía resuena en silencio.
Nadie sabe de dónde vino ni hacia dónde iba. No escuchaba, casi no veía y apenas se le entendían algunas palabras. Quienes viajaron con él dicen que fue a buscar a alguien que finalmente no encontró. Como casi todos en esta vida.
Su asesinato, una mirada sobre las tres cartas que marcaron su destino: la dirigida a la Junta Militar, la escrita tras la muerte de su hija Vicky y la que dejó a sus amigos. El periodista, el militante y el hombre que caminó hacia la emboscada del 25 de marzo de 1977 con un maletín lleno de palabras. Rodolfo Walsh, un emblema.
Durante treinta años, Marta vivió lejos de su pueblo gitano, en una casa perdida entre las montañas. Su trenza fue el único lazo que nunca se rompió.
Durante décadas, los troceros y camineros mantuvieron a mano los caminos de tierra en Mendoza. Entre cunetas, mates y tramos conocidos como “las 20 cuadras”, construyeron un oficio que combinó trabajo manual, presencia cotidiana en los barrios y una cultura propia dentro de Vialidad.
Un auto averiado, una ruta secundaria y un encuentro inesperado con dos empleados de Vialidad abrieron la puerta a una conversación sobre oficios, caminos y una forma de trabajo que todavía resiste.
Desde la ruta, desde el tren, desde la infancia, la idea de hogar siempre tuvo la forma de una ventana encendida.
La vida de un hombre marcado por el trabajo, el silencio y una Navidad siempre esquiva, en la soledad áspera del paisaje mendocino.
Desde su infancia frágil hasta sus noches interminables de anécdotas, la Chona encarnó la cultura doméstica, la picardía y la sabiduría popular mendocina. Entre mates, remedios caseros y amores difíciles, dejó un legado silencioso y entrañable en el corazón de su gente.
Gastado, viejo y rengo, el hombre era el primero que salía a vender el diario del día. Años antes había sido un próspero comerciante.
Son personas sencillas, tal vez sin estudios, pero con enorme sabiduría. Muchos hemos tenido la suerte de cruzarnos con alguno de ellos.
Todos hablan de la inocencia de la infancia pero, a veces, esa infancia es brutalmente cruel, especialmente con los indefensos.
A una semana del Día del Niño, aparece una brisa de nostalgia que trae a la memoria instantes entrañables de la infancia.
Cada uno guarda en su memoria momentos relacionados con el frío, la lluvia, en invierno. Son instantes que quedarán siempre marcados en la retina y en el cuerpo.
Las historias son lo único que dejamos. Nos vamos con los bolsillos vacíos y dejamos la ausencia y un montón de relatos que mantienen viva la memoria.
Daniel es un sanmartiniano, que fue entregado por una partera a cambio de dinero, en 1967. Ahora encontró a su familia de origen.
En la cordillera la vida transcurre de manera distinta. Los que la visitan tratan de entenderla, pero no siempre lo consiguen. Aquí, apuntes de una infancia.