Un grupo de doce jueces penales de Mendoza participará en una investigación sin precedentes sobre el impacto del sueño, el estrés y la ansiedad en el ejercicio de sus funciones. El estudio busca establecer cómo influyen estos factores en decisiones clave del proceso penal, como prisiones preventivas o elevaciones a juicio.
La iniciativa forma parte de una prueba piloto impulsada por la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, y cuenta con la dirección científica del biólogo Diego Golombek, responsable del Laboratorio Interdisciplinario del Tiempo y la Experiencia de la Universidad de San Andrés.

Pulseras que miden el sueño y encuestas personales
Durante dos semanas, los magistrados utilizarán un actímetro, una pulsera especial que registra los patrones de sueño y vigilia, y completarán encuestas sobre sus hábitos de descanso. El dispositivo permite monitorear el ritmo circadiano, clave en el funcionamiento biológico, el estado de ánimo y la capacidad de concentración.
Además de la actividad fisiológica, el estudio evaluará cómo las condiciones de descanso inciden en las decisiones tomadas por los jueces en audiencias.
Primer paso para un proyecto más amplio
Esta primera experiencia se concentra en jueces penales de primera instancia, quienes enfrentan altos niveles de presión por la naturaleza de sus resoluciones, muchas de las cuales afectan la libertad de las personas. La selección de este perfil responde al interés de analizar situaciones de alta carga emocional y cognitiva.
La información obtenida servirá como base para diseñar un estudio de mayor alcance, que podría aplicarse en otras jurisdicciones del país.

Objetivos del proyecto
El estudio apunta a identificar variables que afectan el rendimiento judicial y proponer mejoras en la organización del trabajo, como la distribución de turnos o el diseño de rutinas más saludables para quienes integran el sistema de justicia.
También busca abrir el debate sobre el cuidado de la salud mental en el ámbito judicial, en un contexto donde las decisiones que se toman tienen un fuerte impacto en la vida de terceros.
La experiencia posiciona a Mendoza como una de las primeras provincias en explorar científicamente la relación entre el bienestar personal y el ejercicio de la función pública.
