Las elecciones legislativas del próximo 26 de octubre se acercan y uno de los principales desafíos de los partidos políticos será lograr que los mendocinos acudan a las urnas. Los antecedentes de este año en otras provincias muestran una tendencia a la baja participación, lo que genera preocupación en los frentes locales.
En lo que va de 2025, provincias como Chaco, CABA, Salta, San Luis y Jujuy registraron porcentajes de concurrencia que rondaron entre el 52% y el 63%. A pesar de ello, los oficialismos lograron imponerse en la mayoría de los casos, mientras que los partidos más pequeños tuvieron dificultades para movilizar a sus votantes.
En Mendoza, la participación en las elecciones generales de 2023 fue del 68,33%, el porcentaje más bajo desde el retorno a la democracia. En las legislativas de 2021, votó el 75% del padrón, con victoria de Cambia Mendoza con un 50% de los votos.

Expectativas para octubre
Distintos estudios y análisis proyectan que la concurrencia en las legislativas de este año podría ubicarse entre 55% y 65%, por debajo de los niveles históricos de la provincia. La falta de interés, el desconocimiento sobre los candidatos y el desencanto con la política son los principales factores que explicarían esta tendencia.
Se observa que la gran cantidad de listas en competencia puede generar confusión y reforzar la percepción de que se trata de una “elección secundaria”, donde la decisión de los votantes se guía más por los partidos que por los nombres de los candidatos.
Impacto político de la baja concurrencia
Una menor participación podría beneficiar a los frentes más grandes, que cuentan con estructuras sólidas y votantes movilizados, mientras que los espacios más pequeños quedarían relegados por la falta de visibilidad. La figura de los candidatos más conocidos también podría jugar un papel determinante en la elección, especialmente en una votación donde predomina el desconocimiento del electorado sobre la mayoría de los postulantes.
Estrategias para incentivar el voto
Ante la apatía proyectada, los partidos opositores trabajan en campañas de proximidad. Las estrategias incluyen actividades en plazas y espacios públicos, contacto directo con los ciudadanos y difusión de propuestas locales, con el objetivo de motivar la participación y recuperar la confianza de los votantes.
En paralelo, se espera que los oficialismos provinciales y municipales aprovechen sus aparatos para movilizar votantes, asegurando su presencia en las urnas pese a la tendencia general a la baja participación.
