En la mañana de este domingo 22 de septiembre de 2024, a las 07:57 hs, un sismo de magnitud 4.5 volvió a impactar la región cercana a Encón, en el noreste de San Luis. Este evento sísmico es el segundo en menos de 24 horas, tras el temblor de magnitud 6 registrado el día anterior. El epicentro de este nuevo sismo se ubicó a 68 km al noreste de Encón y a una profundidad de 131 km.
Aunque este sismo fue significativamente menor que el registrado ayer, su profundidad intermedia y su localización en una zona tectónicamente activa lo hicieron perceptible en un radio amplio. Según la Escala de Intensidad Mercalli Modificada, la intensidad de este sismo se clasificó entre II y III. Esto significa que algunas personas en reposo o en edificios sintieron levemente las vibraciones en varias ciudades, incluidas San Luis, San Juan, La Rioja, Mendoza y Córdoba.
Este tipo de sismos intermedios (profundidad de entre 70 y 300 km) tienden a generar movimientos menos destructivos en la superficie, pero pueden afectar una región más extensa debido a la dispersión de energía desde las profundidades. No obstante, en este caso, la energía liberada no fue lo suficientemente intensa como para causar daños estructurales o personales reportados en ninguna de las ciudades afectadas.
Contexto geológico y actividad reciente
La zona en cuestión está ubicada dentro de la región sísmica conocida como el Cinturón de Falla Andina, una estructura tectónica donde la placa de Nazca subduce bajo la placa Sudamericana. Este proceso genera tensiones acumuladas en la corteza terrestre que, al liberarse, provocan terremotos. Si bien esta área experimenta sismos regularmente, la ocurrencia de dos eventos significativos en menos de 24 horas sugiere una fase activa de liberación de tensiones en la corteza terrestre.
El sismo anterior, registrado el 21 de septiembre con una magnitud de 6 y epicentro a 156 km al este de San Juan, es un recordatorio de la capacidad de esta región para generar sismos de magnitudes considerables. A pesar de la distancia entre los dos epicentros, ambos eventos comparten características comunes, como la profundidad intermedia y el patrón de dispersión de la energía sísmica, que permite que los temblores sean perceptibles en varias provincias argentinas.



