DOS REVOLUCIONES TRASCENDENTALES
Los regímenes políticos envejecen por dos causas: porque abusan del prestigio de que gozan y se vuelven incapaces de gobernar, o porque los espíritus cambian de orientación y ya no les es posible soportar el absurdo y la injusticia que todo régimen encierra en sí mismo. Llegado ese caso, se desea reemplazar al régimen dominante por otro que sea más racional y justo en lo referente al punto que preocupa, aun cuando lo sea menos en otros. Las dos causas pueden obrar conjuntamente o por separado, lo que da como resultado casos históricos que no obstante pueden presentar semejanzas, como ha ocurrido con las dos Revoluciones trascendentales que a continuación analizamos.
La Revolución francesa es un acontecimiento eminente que dota de espíritu a un nuevo siglo, afirmando la existencia de principios que han perdurado y servido de base en la organización de los Estados modernos.
En ella, la burguesía se encarga de una reforma de carácter radical, destruyendo todo un sistema político y social basado en el predominio de la aristocracia, y fundando un nuevo orden regido por la democracia, expresiones que no eran absolutamente nuevas habida cuenta de los procesos constitucionales sucedidos en Inglaterra y Estados Unidos; y sin embargo, a pesar de tales antecedentes, el movimiento en Francia es fundamental porque afirma sólida y rotundamente las nuevas ideas, culminando todo lo que puede serle anterior y presentándolo al mundo como un ejemplo, que éste luego en gran medida adoptó.
Las ideas de la soberanía del pueblo, de la libertad y de la igualdad, adquieren expresión práctica con la Revolución francesa, y a pesar de las vicisitudes que ellas sufrieron como consecuencia de la exaltación perjudicial, fueron bases incuestionables en la organización política y social que, arrancando del siglo XIX, llega hasta nuestros días.

Por otra parte, la Revolución rusa de 1917 implica la transformación absoluta de un régimen, al par que un experimento de indudable importancia y de gran interés para el derecho político. Esta Revolución comprende dos períodos: el primero marca el dominio de los “mencheviques”, y el segundo, definitivo, el de los “bolcheviques”. Estas dos tendencias se definen como resultado de una escisión producida en el seno del partido social demócrata ruso, obedeciendo esas denominaciones a la posición de minoría y mayoría, respectivamente, y no precisamente al hecho de la mayor o menor violencia que preconizaban las dos tendencias, aun cuando esto sea lo que las separa.
El bolcheviquismo se basa en la ideología de Carlos Marx. Se inclina por el comunismo, que trae una igualdad de hecho, preconizando la violencia en la lucha de clases, hasta llegar a la dictadura del proletariado. Considera al Estado un medio que permitirá lograr el dominio del capitalismo, de lo cual resulta que, con este fin, el proletariado debe buscar su posesión por el camino de la revolución. Excluidos los capitalistas, gobernarán los trabajadores, en un régimen de democracia industrial; cualquier intento de reacción capitalista debe ser ahogado por la fuerza, y la intervención del Estado llegará hasta el punto de organizar la educación, para facilitar así el conocimiento y arraigo de las doctrinas bolcheviques. En el orden económico se admite el control de la industria por los trabajadores.
Cierto es que la Revolución francesa y la rusa son dos grandes ejemplos de lo que hablábamos al principio. Las dos Revoluciones fueron precedidas y en parte provocadas por una orientación nueva del espíritu, por la aspiración a un gran cambio.
En Francia, la aspiración se limitó primeramente al gobierno representativo, creció después, una vez derribada la realeza, hasta la creación de una sociedad sin nobles y sin reyes.
La Revolución rusa se presentó con un plan de reconstrucción todavía más basto. Quería agregar la igualdad económica a la jurídica y política de la francesa, completar la “soberanía del pueblo” por el rescate de la colectividad de todas las riquezas de la tierra. Crear un nuevo orden, no solamente sin nobles y sin reyes, sino sin ricos y sin pobres.
Pero el pueblo ruso estaba poco preparado para un cambio tal de orientación como el pueblo francés en 1789 para construir un nuevo Estado sobre la base de la “soberanía de la nación”.
Y en Francia como en Rusia:
-La orientación nueva era aspiración de una vanguardia de exploradores y soñadores.
-Hubo un apoderamiento del poder porque la legalidad preexistente estaba ya corroída por su vejez, desacreditada por su impotencia, debilitada por el descontento general, derrumbándose en Francia después de la toma de la Bastilla, y en Rusia a raíz de la abdicación de Nicolás II, provocada por las derrotas en la Primera Guerra Mundial y el desorden universal.

-La Revolución rusa no fue ni la maravilla sin precedentes que entusiasmó a sus admiradores ni el horror único que aterrorizó a sus adversarios, siendo la repetición, en ritmo más lento, sobre un escenario más basto, un poco modernizada, del drama de la Revolución francesa.
-Ambas Revoluciones dieron por resultado el despotismo sanguinario de gobiernos revolucionarios, hicieron sufrir profundamente a sus pueblos y extendieron por el horizonte un resplandor de incendio.



