El violento hecho ocurrió en el departamento de Godoy Cruz, más precisamente en la intersección de las calles Revolución de Mayo y Candelaria, dentro del barrio CEC. Allí viven Adriana Suárez y Javier Gómez, junto a su hijo de 10 años. Desde hace meses esta familia sostiene que viene denunciando una situación compleja: agresiones constantes por parte de un vecino y sus parientes, que ahora culminaron en la madrugada del sábado pasado con Javier baleados en sus piernas.
El conflicto se agravó desde febrero. El agresor, según relatan varios vecinos, ha tenido problemas con la mayoría de los habitantes del barrio. La Policía habría sido alertada en múltiples ocasiones, pero el acusado parecía enfocar su “odio” particularmente contra las víctimas. Las casas están separadas solo por un patio compartido, y la habitación del niño de 10 años da justo al lado del domicilio del presunto agresor.
La familia del sospechosos tiene un hijo de 17 años, el cual tiene una banda de rock que al parecer ponía la música a alto volumen. Javier llegó a pedir que bajaran el sonido de forma amable, pero esto desencadenó una escalada de amenazas.
Según denuncian, el adolescente también molestaba al hijo de Javier y Adriana con gestos, insultos y burlas constantes. Por esta razón, decidieron cambiar al niño de pieza.
La mujer fue víctima de insultos, escupitajos y agresiones físicas mientras caminaba por su propia vereda. Le arrojaron el teléfono, la empujaron y la golpearon. Empezó a filmar para evitar más situaciones similares.
Con ese material realizó una primera denuncia, que asegura que fue desestimada. La segunda, con agresiones a su hijo incluidas, está en proceso de instrucción desde hace tres meses. Todo este contenido llegó a Diario Mendoza, que se comunicó con los damnificados.
En una ocasión, el acusado amenazó directamente al niño de 10 años con un gesto de un corte en el cuello. La familia llamó a la Policía, y el sujeto repitió intimidaciones verbalmente frente a los efectivos. Estos solo habrían recomendado evitar el contacto y se retiraron. Sin medidas concretas, la familia sintió que no había protección.
Adriana también se dirigió al Polo Judicial, donde afirma que un fiscal ni siquiera la miró a la cara. Tampoco tuvo respuestas claras de la municipalidad: el turno de mediación se lo dieron para el 2 de julio, tiempo en el cual la situación podía terminar mal. Y terminó mal.
En la madrugada del sábado Javier, Adriana y su hijo intentaban dormir tras una jornada convulsionada por la música alta. A las 2 comenzaron los gritos, patadas y piedrazos. El nene se despertó con una crisis de llanto. El agresor arrancó la reja con las manos. Javier salió a ver qué ocurría y recibió dos tiros en las piernas.
Un vecino del barrio, que tiene un niño con autismo y una hija de 12 años, había llamado a la Policía esa noche debido al volumen de la música, pero el atacante creyó que había sido la familia de Adriana. Enloquecido, arrojó piedras a la ventana, rompió la reja del frente y disparó.
Cuando llegó la Policía, la mujer, desesperada, dijo: "Hasta que uno de nosotros no muera, ustedes no hacen nada". Denuncia que no la escucharon, que la dejaron sola con su hijo y con la casa llena de sangre. Los insultos de la familia agresora continuaron esa misma noche, con Javier ya en la clínica Santa Isabel.
Hoy la víctima está en su vivienda recuperándose, mientras siguen escuchando insultos y gritos del otro lado de la pared. El sospechoso está aprehendido y la fiscalía aún analiza las pruebas para determinar la carátula del expediente, lo que definirá si sigue detenido o no. Adriana teme que lo liberen y tiene miedo por su familia.
Esta familia no siente el respaldo del Estado. Viven asustados. La casa que habitan era de los suegros de ella, pero ya piensan en irse. Solo recibieron ayuda de los vecinos. Lo que buscan, según repite Adriana, es simple: “Que alguien escuche y ponga un límite”. Que puedan convivir en paz.



