La madrugada del martes volvió a poner a Kiev bajo fuego. Un ataque combinado de drones y misiles rusos golpeó infraestructuras energéticas y barrios residenciales, causando al menos seis muertos y una decena de heridos, según las autoridades ucranianas.
El alcalde Vitali Klitschko informó que los distritos de Sviatoshyn y Dárnitsia estuvieron entre los más afectados, con edificios dañados y posibles víctimas bajo los escombros. La ciudad vivió horas de alarma con repetidas activaciones de alertas aéreas y nuevos lanzamientos de MiG-31 detectados por la Fuerza Aérea ucraniana.
En otros puntos del país también se registraron daños. En Bila Tserkva, cuatro viviendas quedaron destruidas y un adolescente de 14 años resultó herido. Regiones como Zaporizhia y Kharkiv reportaron actividad de drones durante la noche.

La ofensiva ocurrió mientras delegaciones de Ucrania, Estados Unidos y países europeos analizaban en Suiza una versión revisada del plan de paz propuesto por Washington, luego de que el borrador inicial fuera rechazado por exigir concesiones territoriales y militares a Kiev. Tras los encuentros, ambas partes anunciaron un marco de paz actualizado, que —según Ucrania— incorpora la mayoría de sus prioridades.
Sin embargo, persisten dudas en Europa. El canciller alemán Friedrich Merz advirtió que es improbable alcanzar un acuerdo antes de la fecha límite del 27 de noviembre. Desde la Casa Blanca negaron presiones desmedidas y defendieron que Estados Unidos “colabora con ambas partes por igual”.
La escalada militar en las últimas horas volvió a mostrar la fragilidad del escenario y la presión que enfrentan las negociaciones, en medio de un conflicto que cruza el terreno político, diplomático y militar sin señales de un freno cercano.



