La Cancillería argentina atraviesa un momento complejo tras la renuncia de Gerardo Werthein, quien estuvo al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores durante un año. Su gestión priorizó las áreas comerciales y económicas, dejando en segundo plano a las políticas, lo que generó falta de interlocutores claros para los diplomáticos extranjeros.
Durante su gestión, Werthein se rodeó de colaboradores de confianza, lo que limitó la delegación de funciones y afectó el normal funcionamiento de la diplomacia. A pesar de los avances en acuerdos comerciales con el Mercosur, la UE y EFTA, y de negociaciones con países como Canadá y Emiratos Árabes, las áreas políticas mostraron un estancamiento.

La situación se agravó con la polarización interna del cuerpo diplomático, evidenciada recientemente en la elección del nuevo presidente de la Asociación Profesional del Servicio Exterior de la Nación (APSEN), donde la lista oficialista ganó por apenas cinco votos frente a otra ligada al peronismo/kirchnerismo.
El próximo canciller tendrá el desafío de integrar un cuerpo diplomático dividido, mantener la cercanía con Estados Unidos y fortalecer los intereses comerciales de Argentina a nivel global. En un contexto internacional marcado por la creciente importancia de Asia y África, el objetivo será avanzar hacia una Argentina más conectada y protagonista en el mundo.



