El Gobierno de Javier Milei ha adoptado una postura defensiva frente a dos de los principales escándalos que han marcado su gestión: el caso de la criptomoneda $LIBRA y la caída de la reforma de Ficha Limpia. A pesar de las fuertes controversias que los rodean, tanto a nivel mediático como judicial, el mandatario se ha mostrado moderado y evitó señalar a los responsables directos.
En el caso de $LIBRA, Milei intentó distanciarse de la promoción de la criptomoneda que generó un fracaso rotundo. Tras su polémica publicación en redes, el presidente explicó que no fue una promoción sino una simple difusión, y se mostró como "una víctima" en un escándalo que involucró a un asesor cercano, Hayden Mark Davis. Sin embargo, no ha cuestionado directamente a Davis ni a los otros implicados, a pesar de los serios cuestionamientos sobre la relación entre ambos y la falta de transparencia en el proyecto.

Por otro lado, el caso de Ficha Limpia, una reforma que buscaba garantizar la inhabilitación de condenados por corrupción para ejercer cargos públicos, también terminó en un rechazo en el Senado, lo que desató críticas de Milei hacia los opositores. Sin embargo, el presidente evitó señalar a los senadores misioneros que fueron clave para bloquear la ley. A pesar de las acusaciones de un supuesto sabotaje político y de las tensiones dentro de su propio frente, Milei se limitó a atacar a la oposición y no a los aliados que participaron en el rechazo de la ley.

Esta actitud de no confrontar directamente con quienes lo han involucrado en estos escándalos contrasta con su estilo habitual de respuestas agresivas a los opositores. La falta de acciones contundentes para esclarecer estos casos y la moderación en sus declaraciones han generado dudas sobre su capacidad para manejar los conflictos políticos y su compromiso con la transparencia.
En medio de todo esto, la imagen de Milei ha sufrido una caída significativa, con encuestas que indican una disminución en la confianza de la ciudadanía, especialmente debido al escándalo de $LIBRA. La percepción general es que el presidente no ha sabido manejar las controversias de manera adecuada, lo que podría tener un impacto negativo en su figura política en el futuro cercano.
