En una jornada marcada por la escalada retórica y los movimientos militares, Irán envió un doble mensaje a la comunidad internacional. Por un lado, advirtió a Estados Unidos y Israel que sus fuerzas armadas se encuentran en “alerta máxima” tras el arribo de buques de guerra norteamericanos al Golfo Pérsico; por el otro, altos funcionarios del régimen reconocieron “avances” en la conformación de un marco para negociar con Washington.
Basándose en informes de agencias internacionales, el despliegue del portaaviones estadounidense encendió las alarmas en Teherán. El jefe del Ejército iraní, Amir Hatami, lanzó una dura advertencia: “Si el enemigo comete un error, sin duda pondrá en riesgo su propia seguridad, la seguridad de la región y la seguridad del régimen sionista”.
Entre la amenaza bélica y la diplomacia
Pese al tono marcial, el presidente iraní, Masud Pezeshkian, buscó bajar la tensión durante una conversación con su par egipcio, Abdel Fattah al Sisi, al asegurar que “una guerra no beneficiaría ni a Irán, ni a Estados Unidos, ni a la región”.
En el plano diplomático, las señales aparecen mixtas pero esperanzadoras. Mientras el canciller Abás Araqchi se mostró dispuesto a negociar el programa nuclear “en pie de igualdad” —con el rechazo explícito a discutir el sistema de misiles—, Alí Larijani, secretario de Seguridad, aseguró tras reunirse con Vladimir Putin que “la puesta en marcha de un marco de negociación avanza”, desestimando lo que calificó como “propaganda de guerra”.
Incidentes y maniobras navales
La tensión interna también se hizo sentir con rumores de sabotajes en la ciudad portuaria de Bandar Abbás y en Parand, cerca de la capital iraní, que las autoridades se apresuraron a desmentir, atribuyéndolos a fugas de gas o incendios menores.
En este contexto volátil, el Mando Central estadounidense (CENTCOM) alertó que los Guardianes de la Revolución iniciarán “un ejercicio naval de dos días con fuego real” en el estratégico estrecho de Ormuz, e instó a evitar comportamientos “poco profesionales” que puedan incrementar el riesgo en una de las rutas marítimas clave del comercio energético global.


