Nepal, la pequeña nación enclavada entre India y China, atraviesa una crisis política sin precedentes. En apenas 24 horas, la presión de las protestas juveniles provocó la dimisión del primer ministro KP Sharma Oli y dejó un saldo de 19 muertos y el incendio del Parlamento. La chispa que encendió el estallido fue la decisión del Gobierno de bloquear más de veinte plataformas, incluidas Facebook, X, YouTube y LinkedIn.
La medida, que buscaba forzar a las big tech a registrarse localmente y cumplir con regulaciones nacionales, fue leída por la juventud como un ataque directo a la libertad de expresión. La llamada “Generación Z” salió masivamente a las calles de Katmandú y otras ciudades, denunciando corrupción, censura y la falta de futuro en uno de los países más pobres del continente.

El impacto fue inmediato: en Nepal, las redes sociales concentran cerca del 80% del tráfico de Internet. El corte generó indignación en un país con más de 13 millones de usuarios activos de Facebook y casi medio millón en X. Lo que comenzó como una protesta contra la censura derivó en un cuestionamiento más amplio al poder político y a las élites, bautizadas como “Nepo kids” por sus privilegios y vínculos familiares.
La renuncia de Oli, líder del Partido Comunista, abrió paso a una coalición con el Congreso Nepalí de centroizquierda.



