El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una proclamación que establece una tarifa de 100.000 dólares para la obtención de la visa H-1B, utilizada por miles de profesionales extranjeros en sectores como la tecnología, la salud y la contabilidad. Según estimaciones oficiales, si se mantiene el mismo nivel de solicitudes que en 2024, las compañías estadounidenses deberán afrontar un gasto total de 14.000 millones de dólares al año.

La medida generó caos en aeropuertos y fuertes críticas en el ámbito empresarial. Aunque la Casa Blanca aclaró que la nueva tarifa se aplicará únicamente a nuevos solicitantes a partir de la próxima lotería de febrero, la decisión es interpretada como un intento de favorecer la contratación de trabajadores estadounidenses.
El año pasado se aprobaron más de 141.000 visas H-1B nuevas, mientras que en total hubo alrededor de 400.000 aprobaciones, incluyendo renovaciones. Silicon Valley y otras industrias dependen de este esquema para acceder a ingenieros, programadores y científicos extranjeros, lo que explica el fuerte rechazo de directivos como Garry Tan, CEO de Y Combinator, quien advirtió que el cambio es un “golpe a las start-ups” y un incentivo para que el talento migre hacia polos tecnológicos como Canadá.
Los abogados especializados en inmigración sostienen que la Casa Blanca podría haber excedido su autoridad regulatoria, ya que el monto fijado no se corresponde con los parámetros habituales de recuperación de costos. Firmas legales anticipan que la tarifa será impugnada en la Justicia, mientras la administración Trump acumula más de 135 demandas vinculadas a políticas comerciales y migratorias.

La proclamación también abre la puerta a reformas más amplias en el esquema de la visa H-1B, incluyendo la posibilidad de reemplazar el sistema de lotería por un ranking salarial y de elevar los sueldos de referencia exigidos a las empresas. En paralelo, algunos empleadores ya evalúan alternativas como la visa L-1, destinada a ejecutivos y personal con “conocimientos especializados”, aunque con requisitos más restrictivos.
El futuro de la visa H-1B quedará ahora en manos de la Justicia y del debate político en Washington, en un contexto en el que la inteligencia artificial y la industria tecnológica demandan cada vez más profesionales altamente calificados.
