El acuerdo impulsado por Donald Trump en Sharm el-Sheikh, Egipto, marca un giro clave en el conflicto de Medio Oriente. La iniciativa, respaldada por líderes árabes y occidentales, plantea la liberación de rehenes, la excarcelación de prisioneros palestinos y la creación de un plan de reconstrucción y desmilitarización en Gaza.
Uno de los pilares es la conformación de una administración temporal palestina, supervisada por una Junta de Paz internacional encabezada por Trump y figuras como Tony Blair. El plan incluye la destrucción del arsenal de Hamas, una amnistía para quienes depongan las armas y la apertura de fronteras para asistencia humanitaria.

Pese a las expectativas, las dudas sobre la viabilidad del pacto son fuertes. Hamas no aceptó públicamente entregar su poder ni su armamento, y en la Franja ya se registran tensiones internas entre facciones. En Israel, el primer ministro Netanyahu advirtió que retomará operaciones militares si el desarme no se cumple.
La presión internacional será determinante. Países árabes como Egipto, Qatar y Arabia Saudita apoyan la tregua para garantizar estabilidad regional y beneficios económicos. Sin embargo, la reconstrucción y la transición política aún carecen de definiciones claras, y el futuro del acuerdo depende de que todas las partes cumplan sus compromisos.



