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Problema

El efecto nocebo: enfermarse pese a estar sano

¿La mente cura? Eso dicen. A un paciente se le da una píldora que no es más que unos gramos de alguna harina con azúcar y empieza a a sentirse mejor: el efecto placebo.

Efecto nocebo

Ahora se está estudiando justo lo opuesto. De tanto pensar en la enfermedad y sus achaques, uno padece ya no lo que cree tener pero sí otros problemas que se atribuyen a remedios o a prácticas médicas. Por ejemplo, una persona que “siente” padecer algo terminal ante cualquier síntoma puede -en su búsqueda infinita- tomar analgésicos y perder el sueño, desarrollar problemas gástricos, generar con una ansiedad que lo lleve a separarse. O de tantos estudios y análisis nuevos, encontrar “hallazgos” que no deben ser tratados pero terminan -por presión del paciente, por mala decisión profesional- sobreestudiados, exponiéndose a prácticas invasivas, o con exposición a radiación, que desestabilizan.

Por eso los psicólogos o psiquiatras especializados en hipocondría suelen ser taxativos: no a mirar páginas de internet, no a ir a guardias médicas ante un primer síntoma. Sí a consultar con un único clínico que esté al tanto de la historia del paciente. Trabajar, además, una terapia de desensibilización. “¿Y si estoy enfermo, qué?”, sería la pregunta a responder para que afloren los miedos y empezar a ponerle palabras, a imaginar situaciones en las que se pierda el temor. Todos contamos con herramientas para defendernos, pero todos somos humanos y también en algún momento nos va a llegar el fin.

Quizás esa idea de la muerte es la que esté detrás de la persona que sufre hipocondría. Aunque se sepa que uno no va a vencerla, prefiere mantenerla lejos todo el tiempo que se pueda. Y eso suena no sólo lógico, deseable. Pero siempre hay una escala: cuando se está demasiado obsesionado por la enfermedad, también se deja de vivir, aunque sea de otra manera. Se respira, se está en esta parte del mundo pero no se disfruta del día a día que aparece intoxicado por la necesidad de actuar ya, de inmediato porque si no la muerte nos va a acorralar. La sensación es horrible, para qué negarlo. Echarle luz, entenderla, darse cuenta de que lo exagerado también enferma, ayuda. Quizás no haya soluciones mágicas pero sí una intuición: después de varias luchas decididas, se puede ganar la guerra.

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