El pasado 30 de mayo se conmemoró el Día Mundial de la Esclerosis Múltiple, una fecha destinada a visibilizar una enfermedad crónica y autoinmune que afecta al sistema nervioso central y que continúa representando uno de los principales desafíos neurológicos en personas jóvenes.
En Mendoza no existe un registro oficial consolidado debido a que la esclerosis múltiple no es una enfermedad de notificación obligatoria. Sin embargo, las estimaciones epidemiológicas locales indican que actualmente entre 600 y 700 mendocinos conviven con este diagnóstico, con una prevalencia considerablemente mayor en mujeres que en hombres.
Como parte de las acciones de concientización realizadas el 30 de mayo, la Casa de Gobierno se iluminó de color naranja para acompañar la campaña mundial orientada a visibilizar la enfermedad.
Una patología que impacta en los adultos jóvenes
La esclerosis múltiple se produce cuando el sistema inmunitario ataca la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas. Como consecuencia, se altera la comunicación entre el cerebro y distintas partes del cuerpo, generando manifestaciones neurológicas de diversa intensidad.
La aparición de los primeros síntomas suele registrarse entre los 20 y los 40 años, por lo que afecta principalmente a personas que se encuentran en etapas de pleno desarrollo personal, familiar y laboral. Aunque es menos frecuente, también puede presentarse en niños y en mayores de 50 años.

Cuáles son los síntomas y cómo se diagnostica
Entre las señales más frecuentes se encuentran la pérdida o disminución de la visión en un ojo, visión doble, dificultades para caminar, alteraciones del equilibrio, falta de coordinación, pérdida de fuerza y trastornos de la sensibilidad en brazos y piernas.
También pueden aparecer entumecimiento en las extremidades, sensaciones similares a descargas eléctricas, debilidad motriz, problemas visuales, vértigo, fatiga y dificultades vinculadas a la memoria o el habla. En algunos casos se presentan además alteraciones intestinales, urinarias o sexuales.
Para arribar al diagnóstico, la resonancia magnética constituye el estudio principal. Cuando persisten dudas clínicas, puede complementarse con una punción lumbar para analizar el líquido cefalorraquídeo.
Avances terapéuticos y acceso a tratamientos
Aunque la enfermedad no tiene cura, los avances terapéuticos registrados en los últimos años permitieron modificar significativamente su evolución. Los tratamientos disponibles buscan reducir recaídas, evitar nuevas lesiones neurológicas y disminuir el riesgo de discapacidad a largo plazo.

Gracias a estas herramientas, muchas personas con esclerosis múltiple pueden continuar con sus actividades habituales, estudiar, trabajar y realizar actividad física.
Desde el sistema público, el acceso al programa específico requiere la derivación previa de un médico clínico, quien evalúa los síntomas iniciales y determina la necesidad de atención especializada. Uno de los principales desafíos continúa siendo reducir los tiempos de diagnóstico para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de quienes conviven con la enfermedad.


