Viajar más de 18 horas en un vuelo intercontinental sin escalas supone un avance tecnológico que acorta distancias, pero también exige mucho al organismo. A 10.000 metros de altura, el cuerpo se enfrenta a un ambiente con baja humedad, presión reducida, limitación de movimiento y alteraciones en los ritmos biológicos. Esta combinación puede generar desde cansancio y rigidez muscular hasta dificultades para dormir o concentrarse.

Uno de los efectos más inmediatos de los vuelos prolongados es la sequedad del aire. Según Michael J. Manyak, especialista en medicina de expedición, la humedad en la cabina es muy inferior a la del nivel del mar, lo que reseca ojos, nariz y boca y puede agravar problemas respiratorios existentes. Los expertos recomiendan hidratarse con frecuencia y evitar bebidas que potencien la deshidratación, como alcohol o cafeína.
Cambios de presión y molestias comunes
Durante el despegue y el aterrizaje, los pasajeros pueden sentir dolor en los oídos o congestión en los senos paranasales, especialmente quienes tienen alergias o afecciones previas. La inmovilidad prolongada y el espacio reducido también provocan rigidez en espalda, cuello y piernas. Para minimizar estos efectos, los especialistas sugieren moverse periódicamente, caminar por el pasillo y ajustar la postura del asiento para mantener la circulación activa.

Riesgos circulatorios: trombosis venosa profunda
Uno de los peligros más serios de los vuelos ultralargos es la formación de coágulos en las piernas, conocida como trombosis venosa profunda (TVP). Esta condición puede derivar en una embolia pulmonar si el coágulo se desplaza. Los factores de riesgo incluyen antecedentes familiares, embarazo, tratamientos hormonales, enfermedades cardíacas y oncológicas recientes. Para prevenir complicaciones, se recomienda mover las piernas con frecuencia y, si es necesario, usar medias de compresión.
El jet lag y desajuste biológico
Los vuelos que atraviesan múltiples husos horarios alteran los ritmos circadianos, provocando insomnio, fatiga y dificultades de concentración. Este desajuste puede tardar varios días en normalizarse. La exposición a la luz natural, descansar adecuadamente antes del viaje y mantenerse hidratado contribuyen a mitigar sus efectos.
Cómo minimizar los efectos
Los especialistas coinciden en que el movimiento y la hidratación son clave. Caminar por la cabina, estirarse y variar la postura de forma regular, junto con ropa cómoda y medias de compresión si existe riesgo vascular, ayudan a reducir los malestares y los riesgos asociados a los vuelos ultralargos.
Atravesar continentes en un solo vuelo es un logro de la era moderna, pero también representa una prueba para el cuerpo. Con simples precauciones, como moverse con frecuencia y mantener una buena hidratación, se pueden reducir notablemente los efectos negativos y llegar al destino con mayor bienestar físico y mental.


