Mendoza enfrenta un panorama climático complejo: el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticipa una acumulación de nieve inferior a lo normal en la cordillera durante el otoño y el invierno, lo que podría impactar negativamente en las reservas de agua para los próximos meses.
El informe climático correspondiente al período abril-junio 2025 señala que las precipitaciones en la región podrían ubicarse entre los niveles normales e incluso por debajo de lo habitual. Esta tendencia coincide con modelos internacionales que extienden el déficit nival hasta fines del invierno y el comienzo de la primavera.

Menos nieve, menos agua
La disminución en la acumulación de nieve no es un dato menor para una provincia como Mendoza, que depende en gran parte del deshielo cordillerano para abastecer sus ríos, embalses y cultivos. Con una temporada de nieves más seca, el abastecimiento hídrico hacia la primavera podría verse comprometido, especialmente si esta tendencia se mantiene o se profundiza.
Aunque todavía resta atravesar gran parte del otoño, el escenario plantea un desafío para la gestión del agua en la región, donde cada año se vuelve más evidente la influencia del cambio climático en los ciclos naturales.

Sin señales claras de El Niño o La Niña
Actualmente, las condiciones en el Océano Pacífico Tropical se mantienen neutrales , lo que descarta la influencia directa de fenómenos como El Niño o La Niña en esta situación puntual. Sin embargo, se espera que la variabilidad climática en escalas más cortas juegue un papel importante en la posible ocurrencia de nevadas a lo largo del invierno.

¿Qué esperar del clima en los próximos meses?
En relación con las temperaturas, el SMN no establece una tendencia clara para la región. Según el informe, no se puede identificar una categoría con mayor probabilidad (más cálido, normal o más frío), por lo que se recomienda tomar como referencia los promedios históricos del trimestre.
La baja acumulación de nieve y la incertidumbre climática plantean un desafío adicional en un contexto de estrés hídrico recurrente en la región cuyana. La vigilancia constante y la planificación anticipada serán claves para mitigar los posibles efectos de este escenario en la vida cotidiana, la producción agrícola y el consumo urbano.



