La matrícula escolar en Mendoza enfrenta un fuerte descenso: según proyecciones de Argentinos por la Educación, para 2030 la provincia podría tener 54.385 alumnos menos en nivel primario, lo que representa una caída del 29%.
A nivel nacional, se espera que la cantidad de estudiantes disminuya en 1,2 millones respecto a 2023, afectando principalmente la escuela primaria.
La tendencia se relaciona con la baja sostenida de la natalidad en Argentina, que desde 2014 registra un retroceso del 40%. En Mendoza, los nacimientos disminuyeron un 13% en 2025, contribuyendo a la menor demanda escolar en los próximos años.

Impacto en docentes y recursos
La reducción de alumnos también afectará el promedio de estudiantes por docente. Actualmente, Mendoza tiene alrededor de 18 alumnos por cargo docente, y se proyecta que este número bajará a 13 para 2030. Aunque la caída permite un mayor acompañamiento por alumno, el promedio provincial seguirá siendo alto en comparación con otras jurisdicciones del país, donde se espera entre 7 y 10 alumnos por docente.
Esta disminución de matrícula implicará además una reducción de cargos docentes: Mendoza podría perder 3.046 puestos en el nivel primario, mientras que en todo el país se estima la eliminación de 71.250 cargos.
Oportunidades y medidas frente al descenso
La caída proyectada de alumnos plantea desafíos para reorganizar los recursos educativos y mejorar la eficiencia del sistema. Algunas estrategias posibles incluyen:
Agrupar secciones o escuelas con baja matrícula para optimizar el uso de infraestructura.
Redistribuir docentes hacia tutorías, programas de acompañamiento pedagógico o extensión de jornada escolar.
Reasignar recursos hacia materiales didácticos, equipamiento digital, infraestructura y dispositivos para mejorar el aprendizaje y la equidad.
El informe sugiere que estas medidas deben implementarse gradualmente y con planificación, respetando los derechos del personal docente y buscando un impacto positivo en los aprendizajes y la calidad educativa.
La caída de matrícula, aunque plantea desafíos, también abre la posibilidad de reestructurar el sistema educativo, mejorar la atención individualizada y enfocar los recursos en intervenciones de mayor eficacia y rentabilidad comprobada.
