Corea del Sur se ha convertido en un modelo mundial de reciclaje de residuos de alimentos, alcanzando una tasa de 97,5% en 2022, según datos del Sistema Nacional de Manejo de Residuos. Esto es resultado de políticas estrictas, tecnología y conciencia ciudadana, tras décadas de esfuerzo para combatir la contaminación que generan estos residuos cuando se juntan con residuos de otras características.

En 2005, el país prohibió arrojar restos de comida en vertederos, y en 2013 implementó el sistema de Pago por Peso (Weight Based Food Waste Fee, WBFWF). Este mecanismo obliga a hogares y negocios a pesar y pagar por los residuos que generan, usando bolsas oficiales o calcomanías adhesivas según el peso. "La gente se vuelve más consciente cuando ve el costo directo de lo que bota", explica Jae-Cheol Jang, experto de la Universidad Nacional de Gyeongsang.
¿Qué se hace con los residuos?
Los 4,44 millones de toneladas recicladas en 2022 se destinaron a alimento para animales, producción de abono y en menor medida para la generación de biogás, una energía renovable.
Antes, los vertederos generaban malos olores, líquidos contaminantes y metano, un gas 25 veces más dañino que el dióxido de carbono. Hoy, el sistema surcoreano reduce emisiones, transforma basura en recursos y genera una mayor conciencia a la hora de que las personas no compren ni cocinen más comida de la que necesitan, evitando desperdiciarla.



