A nivel global, aproximadamente un tercio de los alimentos producidos se pierde o se desecha, según datos de la FAO y el PNUMA. De ese total, el 13% se pierde antes de llegar a supermercados o restaurantes, mientras que otro 17% se desperdicia en hogares, comercios minoristas y servicios de alimentación.
Este fenómeno genera la pérdida de 1.000 millones de comidas diarias, equivalente a 1,3 comidas por persona hambrienta en el mundo, y contribuye a entre 8% y 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Frutas, verduras y carnes encabezan las pérdidas: las frutas y verduras representan el 25,4% de los alimentos desperdiciados, seguidas por carnes y productos animales con un 14%. Las causas incluyen cosechas en momentos inadecuados, condiciones climáticas adversas, técnicas de recolección deficientes, almacenamiento inapropiado y transporte ineficiente. Los países en desarrollo son los más afectados, con África subsahariana perdiendo casi un 25% de los alimentos disponibles, frente al 14% en Asia, 10% en América del Norte y 6% en Europa.

Históricamente, el desperdicio estaba asociado a países de altos ingresos, pero la brecha se ha reducido. En 2022, el desperdicio per cápita era similar en naciones de ingresos altos, medios-altos y medios-bajos, impulsado por la urbanización y desarrollo rápido de países como India y China.
Causas por sectores
En hogares, el desperdicio se relaciona con mala planificación de compras, exceso de porciones, confusión con etiquetas de caducidad y almacenamiento inadecuado. Los hogares explican aproximadamente el 60% del desperdicio mundial.
En comercios minoristas, ocurre por la vida útil limitada de productos, exigencias estéticas y variabilidad de la demanda.
En agricultura, almacenamiento y transporte, la pérdida se vincula a momentos de cosecha inadecuados, infraestructura deficiente y logística insuficiente.
Reducir la pérdida en los primeros niveles de la cadena alimentaria ayuda a combatir la inseguridad alimentaria y a aliviar el estrés sobre tierra y agua, mientras que disminuir el desperdicio en consumidores y comercios contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Perspectiva global
Con la población mundial proyectada en 9.700 millones para 2050, garantizar la seguridad alimentaria requiere mejorar la sostenibilidad y resiliencia de los sistemas agroalimentarios. Sin embargo, la financiación de proyectos para reducir pérdidas y desperdicio sigue siendo insuficiente; en 2019/20 se invirtieron apenas 100 millones de dólares, frente a necesidades anuales estimadas entre 48.000 y 50.000 millones.
Cifras clave
Pérdida global de alimentos: 13% (1.250 millones de toneladas) antes de llegar a tiendas (FAO, 2023).
Desperdicio en hogares y comercios: 19% (1.050 millones de toneladas) (PNUMA, 2024).
Hogares: responsables del 60% del desperdicio mundial.
Personas con inseguridad alimentaria moderada o grave: 28,9% (2.330 millones) en 2023.
Hambre: 1 de cada 11 personas en el mundo en 2023.
Pérdida y desperdicio generan entre 8% y 10% de las emisiones globales de GEI.
