El consumo de carne vacuna en Argentina tocó en enero de 2026 su mínimo histórico desde 2005, según informó la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (CICCRA). La ingesta per cápita retrocedió a 47,9 kilos por habitante, impulsada por el aumento de precios y la menor producción, consolidando una tendencia negativa para el sector.
Producción y abastecimiento en caída
La producción nacional de carne sufrió un descenso del 10% interanual, alcanzando 239 mil toneladas de res con hueso procesadas. Este retroceso se atribuye a la menor actividad en los frigoríficos, la reducción de la faena de ganado vacuno y las dificultades logísticas que limitan la distribución hacia las carnicerías locales.
En el mercado doméstico, la caída se tradujo en 27,1 mil toneladas menos que en enero de 2025, equivalente a un 13% de reducción. Mientras tanto, las exportaciones se mantuvieron estables en 57 mil toneladas, con apenas un aumento del 1% respecto al año anterior, dejando un saldo menor de carne disponible para el consumo interno.

Precios por encima de la inflación
Los cortes tradicionales registraron incrementos superiores a la inflación general medida por el INDEC. El asado encabezó los aumentos con un alza del 5,6%, seguido por el cuadril y la nalga, que subieron un 3,3% cada uno. También la carne picada común y la paleta registraron subas que impactan directamente en los bolsillos de los consumidores.
Impacto en el consumo y hábitos alimenticios
El retroceso a 47,9 kilos por persona representa una caída respecto a los 49,9 kilos promedio del año pasado, reflejando la pérdida de poder adquisitivo y un cambio en los hábitos de consumo de los argentinos. La carne, uno de los productos más emblemáticos de la mesa nacional, se va alejando de manera constante del consumo diario de la población.
Un sector en tensión
La histórica caída también evidencia las dificultades productivas y climáticas que afectan al sector ganadero en las principales provincias productoras. Los especialistas de CICCRA alertan que la falta de incentivos y las limitaciones de la cadena productiva impactan directamente en la oferta, proyectando un panorama incierto para el resto del año.
