Argentina es un país de conversación constante. Las palabras circulan en sobremesas, encuentros laborales y vínculos afectivos. En ese contexto, el silencio puede resultar ensordecedor.
Según un informe global de Preply, el 70% de los argentinos experimenta incomodidad después de apenas 6,5 segundos sin hablar. Las situaciones más incómodas son los ascensores, las primeras citas y los funerales.

Yolanda Del Peso Ramos, vocera del estudio, afirma que en culturas como la argentina el silencio se interpreta como tensión o desconexión. En contraste, países asiáticos lo valoran como respeto o reflexión.
La psicóloga Beatriz Goldberg sostiene que el silencio, especialmente en pareja, puede ser una señal de distancia emocional. "Si el diálogo era habitual y ahora ya no fluye, puede estar indicando un conflicto latente", señala.
Por su parte, Romina Halbwirth, especialista en salud mental, invita a resignificar esas pausas. "El silencio no es un error, es un umbral. Muchas veces revela más que las palabras".
En tiempos donde todo urge ser dicho, el silencio bien habitado puede ser una forma de presencia. No todo mutismo es vacío. A veces, es el espacio necesario para comprender, sentir y estar.
