En un espacio discreto del Cuerpo de Policía Montada de Mendoza, lejos del ruido urbano y del pulso acelerado de los operativos, funciona la sección de talabartería, un taller artesanal donde el tiempo parece ir a otro ritmo. Allí se reparan, conservan y confeccionan a mano los elementos que utiliza a diario la caballería policial, en un trabajo silencioso pero esencial para la fuerza.
El responsable es el auxiliar superior José Antonio Olivares Trigo, el único talabartero en funciones dentro de la Policía de Mendoza. Integra el Cuerpo de Caballería General Martín Miguel de Güemes desde 2015 y, desde 2018, está a cargo del taller. “Mi función es mantener y confeccionar todo el equipamiento que se usa tanto en los servicios diarios como en los especiales”, explica.
Desde monturas, riendas y pretales, hasta cinturones, pistoleras, portacargadores y tiros de sable, gran parte del equipamiento se elabora desde materia prima en bruto. “Llega la suela entera, se longea, se corta y se trabaja todo a mano. No hay nada industrializado. Es un oficio que no se aprende en una escuela: se transmite de generación en generación”, detalla Olivares.
Pero la tarea no se limita a lo operativo. En el taller también se conservan piezas de alto valor histórico que continúan en uso ceremonial. Olivares tiene a su cargo el mantenimiento de los uniformes y corazas de la sección de Coraceros, creada a comienzos del siglo XX, durante la gobernación de Emilio Civit. Esta unidad cumple la custodia de honor del Poder Ejecutivo provincial, acompañando al gobernador en actos oficiales.

Las corazas, traídas desde Francia en 1907, y los sables modelo escudo de 1890, idénticos a los de los Granaderos a Caballo y los Infernales, forman parte del patrimonio histórico de la fuerza. “Son sables históricos, los mismos que se pueden ver en museos. Nosotros tenemos la responsabilidad de usarlos, cuidarlos y mantenerlos”, subraya.
La sección de Coraceros también cumple un rol clave en momentos institucionales sensibles. Cuando un efectivo policial fallece en cumplimiento del deber, la custodia de honor forma parte del protocolo oficial. “Los coraceros realizan la guardia durante el velatorio y, en muchos casos, una sección de lanceros acompaña el ingreso al lugar de descanso final”, explica Olivares.
Desde la talabartería se gestiona además el mantenimiento del equipamiento de seguridad de la caballería: cascos de equitación, cascos antidisturbios y otros elementos utilizados en eventos deportivos, manifestaciones y servicios especiales. La tarea se complementa con una función formativa: los efectivos que ingresan al cuerpo reciben instrucción sobre el uso y cuidado del equipamiento, con el objetivo de prolongar su vida útil.
El trabajo del taller trasciende a la propia caballería. Desde allí se colabora con otras áreas de la fuerza, como la confección de correajes para perros de rastreo, arreglos para la Policía Vial y reparaciones de equipamiento de cuero para distintas dependencias policiales.
El Cuerpo de Policía Montada, creado el 6 de enero de 1907, es la unidad más antigua de la Policía de Mendoza. Más de un siglo después, conserva prácticas que remiten a los orígenes de la caballería en el país. “En tiempos tan digitales e industrializados, nuestro trabajo es casi de campaña”, reflexiona Olivares. “Es la misma tarea de prevención que realizaba el primer escuadrón creado por el general San Martín. Que esto no se pierda es un orgullo, no solo personal, sino de toda la Policía Montada”.
Un oficio silencioso, manual y persistente que, entre cuero, historia y servicio, sigue sosteniendo la identidad institucional de una fuerza centenaria.


