La Confederación General del Trabajo (CGT) atraviesa un momento de definición crucial frente a la convocatoria del Consejo de Mayo, el espacio de diálogo multisectorial impulsado por el Gobierno nacional. A días de la primera reunión, prevista para el próximo martes en la Casa Rosada, la central obrera no ha confirmado si participará, mientras crecen las diferencias en su interior respecto a la estrategia a seguir.
El Consejo, que será encabezado por el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, buscará abrir un debate sobre la “modernización laboral” que el Ejecutivo pretende enviar al Congreso. Sin embargo, persisten las dudas en el ámbito sindical, donde varios sectores mantienen su rechazo a cualquier negociación mientras continúe el ajuste económico, las restricciones a las paritarias y los cambios en las normativas laborales.

Las divisiones dentro de la CGT se hicieron evidentes en los días previos. Por un lado, el sector dialoguista considera necesaria la presencia en la mesa para evitar que las reformas avancen sin la voz de los trabajadores. Por otro lado, el ala más dura rechaza de plano cualquier acercamiento al oficialismo y exige una postura de resistencia activa.
El debate sobre la conveniencia de participar o no en el Consejo no solo enfrenta posturas ideológicas, sino también cálculos políticos de cara al futuro del movimiento obrero. La dirigencia evalúa que una ausencia podría dejar vía libre al Gobierno para imponer reformas perjudiciales para los derechos laborales, pero aceptar la convocatoria significaría exponerse a cuestionamientos internos por mostrarse dialoguista ante un gobierno con el que mantienen múltiples diferencias.
El dilema que enfrenta la CGT refleja la tensión permanente del sindicalismo argentino entre la negociación y la confrontación. La decisión que adopte este lunes marcará no solo su relación con el Gobierno de Javier Milei, sino también el grado de cohesión interna de la central obrera en uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
