La rápida expansión de la Inteligencia Artificial (IA) comienza a reflejarse con fuerza en la percepción social. Así lo muestra un reciente estudio de opinión pública realizado en Mendoza, que analiza cómo los ciudadanos interpretan el impacto de estas tecnologías en el mundo del trabajo, la economía y la vida cotidiana.
Un relevamiento realizado por la consultora Demokratia, dirigida por Nicolás González Perejamo, enfocado en la construcción de la percepción social de la IA en el Cono Sur, revela una mirada ambivalente: por un lado, existe un amplio consenso sobre sus beneficios en términos de productividad y nuevas oportunidades, mientras que, por otro, aparecen temores vinculados al reemplazo de empleos y la necesidad de establecer reglas claras para su desarrollo.

Expectativas positivas sobre la productividad
Uno de los datos más contundentes del informe indica que el 75,86% de los encuestados cree que la IA servirá para que las empresas incrementen su productividad, mientras que el 63,05% considera que también permitirá aumentar las ganancias.
En la misma línea, el 64,04% opina que estas tecnologías incrementarán la productividad general, y un contundente 92,61% cree que contribuirán a expandir las posibilidades de los trabajos y profesiones.
Estos números muestran que, en términos generales, predomina una visión favorable sobre el potencial económico de la inteligencia artificial.

El temor al reemplazo laboral
Sin embargo, el estudio también evidencia preocupación por el impacto en el empleo. El 76,85% de los consultados cree que la IA hará desaparecer puestos de trabajo, mientras que el 69,95% considera que podría reemplazar empleos mecánicos o manuales.
El temor no se limita a las tareas más rutinarias. Según los datos, el 66,01% cree que también podrían verse afectados trabajos que requieren habilidades intelectuales o científicas, mientras que el 65,02% opina que podría reemplazar tareas técnicas o de precisión.
Incluso las actividades creativas aparecen dentro de este escenario de transformación: el 60,10% considera que la IA podría sustituir empleos que requieran creatividad o habilidades artísticas.

Debate abierto sobre la desigualdad
Otro punto que muestra una sociedad dividida es el impacto en la distribución de los ingresos. Mientras el 49,26% cree que la IA generará mayor desigualdad económica, un 50,74% no comparte esa visión, lo que refleja la falta de consenso sobre este aspecto.
Este resultado evidencia que, aunque existe claridad sobre los cambios que traerá la tecnología, todavía hay incertidumbre sobre sus consecuencias sociales a largo plazo.

Fuerte consenso sobre la necesidad de regulación
En cuanto al rol del Estado, la gran mayoría coincide en que debe existir algún tipo de regulación. Apenas el 4,87% sostiene que la IA debería desarrollarse sin controles.
En contraste, el 47,51% considera que el Estado debe garantizar una normativa que proteja los derechos de las personas frente a posibles riesgos, mientras que el 47,62% cree que debería existir una regulación parcial, enfocada en aspectos específicos.
Estos datos reflejan una fuerte demanda social por marcos regulatorios que acompañen el avance tecnológico sin frenar la innovación.

Una transformación que ya está en marcha
El estudio concluye que la inteligencia artificial ya no es percibida como un fenómeno del futuro, sino como una transformación en curso que impacta directamente en la vida laboral y social.
En este contexto, los resultados muestran que la sociedad mendocina observa este proceso con una mezcla de expectativa y cautela: reconoce sus beneficios, pero al mismo tiempo reclama reglas claras para evitar efectos negativos.
El desafío hacia adelante, según surge del análisis, será encontrar un equilibrio entre el aprovechamiento de las oportunidades que ofrece la IA y la construcción de consensos sociales y políticos que permitan gestionar sus riesgos.



