Dormir separados no es sinónimo de distancia emocional ni de problemas de pareja. Cada vez más vínculos amorosos adoptan el fenómeno conocido como ASA (Al Sleeping Apart), es decir, descansar en habitaciones diferentes simplemente por comodidad. Lo que alguna vez fue costumbre entre la aristocracia europea hoy vuelve a popularizarse, pero lejos de ser un símbolo de estatus, responde al sentido común: priorizar el sueño de calidad y mejorar la convivencia.
Aunque culturalmente compartir la cama se asoció siempre con la intimidad, estudios recientes revelan que dormir separados puede ser una decisión saludable. Según la National Sleep Foundation, uno de cada cuatro matrimonios ya opta por esta modalidad, mientras que en Alemania, un 30% de las parejas mayores de 50 años duerme en camas distintas. Las razones son variadas: diferencias de horarios, ronquidos, insomnio, sensibilidad al ruido o simplemente la necesidad de un espacio propio para descansar mejor.

La ciencia respalda esta práctica. Investigaciones demuestran que compartir cama puede interrumpir el sueño hasta 50 veces por noche, afectando la salud física y mental. Además, expertos como la psicóloga Wendy Troxel destacan que descansar bien reduce la irritabilidad y fortalece el vínculo afectivo. Lejos de ser una señal de crisis, para muchas parejas dormir separados significa cuidar la relación a largo plazo.
Eso sí, los especialistas advierten que la decisión debe ser consensuada y no convertirse en una excusa para evitar problemas emocionales. Mantener rituales de conexión, como desayunar juntos o compartir una serie antes de dormir, es clave para que la práctica de dormir separados sume bienestar sin perder la intimidad.
