Las favelas de Río de Janeiro están atravesando una situación alarmante: en algunos sectores, como el Complexo da Maré, la sensación térmica ha alcanzado los 60 grados centígrados. La cifra, que supera ampliamente las mediciones oficiales en otras zonas de la ciudad, refleja con crudeza los efectos del cambio climático, que golpea con más fuerza a los sectores históricamente postergados.
Según medios internacionales, las temperaturas en las periferias urbanas pueden ser hasta 8 grados más altas que en los barrios céntricos. El fenómeno se explica por diversos factores: construcciones precarias, hacinamiento, escasa presencia de vegetación y nula planificación urbana, lo que impide la circulación del aire y favorece la acumulación de calor.

Un calor que no da tregua
A mediados de marzo, Río de Janeiro alcanzó una temperatura récord de 44 °C, la más alta en más de una década, según el Sistema de Alerta de la ciudad. Sin embargo, en comunidades como Maré, donde viven más de 140.000 personas, la sensación térmica llegó a niveles extremos.
"Este calor sofocante no es un fenómeno aislado del verano carioca. Es una expresión tangible de la crisis climática global", explicó Everton Pereira, miembro de la ONG Redes da Maré , que trabaja con poblaciones vulnerables en la zona.

Desigualdad y clima: una combinación letal
Los estudios advierten que el cambio climático no afecta a todos por igual. En Río, las favelas —habitada en su mayoría por población afrodescendiente— sufren con mayor intensidad las consecuencias del calentamiento global. La falta de infraestructura básica, la baja cobertura vegetal y el uso de materiales que absorben calor agravan el problema.
Mientras las autoridades brasileñas enfrentan otros frentes como los aranceles anunciados por Estados Unidos, el gobierno de Lula da Silva también deberá redoblar los esfuerzos en materia de políticas ambientales y urbanas para proteger a quienes hoy viven en condiciones extremas.



