Un nuevo estudio científico encendió las alarmas globales al proyectar que las olas de calor podrían mantenerse e intensificarse durante cientos de años si se retrasa la neutralidad de emisiones de dióxido de carbono más allá de 2060. El trabajo fue publicado en la revista Environmental Research: Climate por especialistas de instituciones científicas australianas.
Las olas de calor se convirtieron en uno de los fenómenos climáticos extremos con mayor impacto sobre la salud, los ecosistemas y la economía. En este contexto, la investigación analizó distintos escenarios futuros y concluyó que cuanto más se demore la neutralidad de carbono, más severos serán estos episodios térmicos.

Los científicos compararon la frecuencia, duración e intensidad de estos eventos en simulaciones extendidas a mil años. La neutralidad se define como el equilibrio total entre las emisiones humanas y los procesos que las absorben o eliminan naturalmente.
Retrasar ese objetivo aumentaría la cantidad de días con temperaturas extremas y elevaría los máximos térmicos en gran parte del planeta.

Impacto desigual: las regiones más vulnerables
Según las proyecciones, el impacto sería especialmente crítico en regiones cercanas al ecuador, donde la población es históricamente más expuesta y con menor capacidad de adaptación:
África subsahariana
Sur de Asia
Australia
América del Sur
Allí, la demora hasta 2060 podría significar entre 40 y 80 días adicionales de olas de calor por temporada respecto a un escenario de acción temprana.
El trabajo utilizó siete simulaciones independientes con el modelo climático ACCESS-ESM1-5, que integra los ciclos de carbono de tierra y océano. Se establecieron emisiones netas cero entre 2030 y 2060 y se evaluó el comportamiento del clima hasta diez siglos después.

La definición aplicada considera ola de calor a cualquier periodo de al menos tres días consecutivos con temperaturas máximas diarias superiores al percentil 90 registrado entre 1850 y 1900.
Un mensaje claro para la acción global
Los autores advierten que incluso cuando el mundo alcance la neutralidad de emisiones, las temperaturas no descenderían de inmediato: “Nuestro trabajo desafía la creencia general de que las condiciones después de alcanzar las cero emisiones netas comenzarán a mejorar”, remarcó la investigadora Sarah Perkins-Kirkpatrick.
Las conclusiones ponen énfasis en políticas urgentes que aceleren la descarbonización y una planificación de adaptación que requerirá siglos, especialmente en infraestructura urbana, vivienda y sistemas sanitarios.


