El Gobierno afrontó la primera licitación de deuda en pesos de 2026 y logró refinanciar el 98% de los vencimientos, por un monto superior a los $9,6 billones. La estrategia permitió evitar la liberación de liquidez en un mercado marcado por la escasez de pesos, aunque implicó aceptar rendimientos más elevados.
Desde la Secretaría de Finanzas informaron que se adjudicaron $9,37 billones, tras recibir ofertas por más de $10 billones, lo que dejó un rollover casi total de los compromisos que vencían en la jornada.
La licitación incluyó letras a tasa fija, bonos ajustados por inflación, instrumentos dólar linked y títulos atados a TAMAR. El objetivo oficial fue estirar plazos y sostener el financiamiento sin recurrir a emisión, aunque el costo financiero resultó mayor al de subastas previas.

Las tasas más cortas escalaron hasta niveles cercanos al 49% anual, en un contexto donde la inflación interanual cerró 2025 en 31,5%. El Tesoro priorizó mantener la disciplina monetaria, mientras el Banco Central continúa comprando divisas en el mercado cambiario.
Analistas destacaron que el resultado confirmó la falta de liquidez en el sistema y un comportamiento defensivo de los inversores, con preferencia por instrumentos de corto plazo y cobertura indexada. Aun así, coincidieron en que el alto nivel de renovación envió una señal de estabilidad al mercado.
El escenario sigue condicionado por el calendario de vencimientos de los próximos meses, que presenta picos elevados y obliga al Gobierno a sostener una estrategia fina entre tasas, liquidez y financiamiento para evitar tensiones en el mercado de pesos.



