El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a caer y alcanzó su nivel más bajo en dos décadas. En febrero, el promedio anual se ubicó en 47,3 kilos por habitante, lo que representa una baja del 2,5% interanual y confirma el deterioro del poder de compra en los hogares.
Según datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo aparente también retrocedió con fuerza: se registraron 332.700 toneladas, un 13,8% menos que el año anterior. Desde el sector explicaron que la falta de hacienda, producto de la sequía y las inundaciones previas, redujo la oferta y presionó los precios al alza.

En Mendoza, el impacto se siente con mayor intensidad. Comerciantes del rubro aseguran que la caída del consumo llega hasta el 30%, especialmente en los cortes más económicos. Frente a este escenario, creció la demanda de carne de pollo y cerdo, que en algunos casos aumentó hasta un 40%, aunque también registró subas de precios.
La faena también refleja el freno del sector: en el primer bimestre de 2026 se procesaron 1,94 millones de cabezas, un 11,1% menos que en igual período del año anterior. Se trata de uno de los niveles más bajos de los últimos años, en línea con la menor disponibilidad de ganado.
En paralelo, las exportaciones muestran una dinámica opuesta. Entre enero y febrero se enviaron al exterior 124.000 toneladas, con una suba del 6,6% interanual, y a mejores precios. Este crecimiento, impulsado por mercados como Estados Unidos y Europa, también contribuye a restringir la oferta interna.
El escenario deja en evidencia una tendencia que se profundiza: mientras la carne vacuna pierde lugar en la mesa de los argentinos, el mercado externo gana protagonismo en un contexto de precios elevados y consumo debilitado.



