El financiamiento bancario destinado al consumo volvió a mostrar un desempeño dispar durante junio. Si bien el stock de préstamos en pesos al sector privado creció un 0,3%, los principales instrumentos utilizados por las familias registraron una caída, según el Informe Monetario Mensual del Banco Central (BCRA).
Las financiaciones con tarjeta de crédito retrocedieron 4,2% interanual, mientras que los préstamos personales disminuyeron 1,1%, reflejando una menor demanda de crédito para consumo.
El menor financiamiento impacta en el consumo
En términos reales, los préstamos destinados al consumo registraron una baja mensual del 0,8%, lo que limita uno de los motores tradicionales de la actividad económica.
La desaceleración del crédito coincide con una retracción en las ventas minoristas. Según datos del Indec, durante los primeros meses del año las ventas en shoppings acumularon una caída del 5,7%, mientras que los supermercados y autoservicios mayoristas registraron bajas del 3,3% y 3,2%, respectivamente.

La morosidad continúa en aumento
El escenario también está marcado por un crecimiento sostenido de la mora en los créditos bancarios.
De acuerdo con estimaciones de la consultora 1816, elaboradas a partir de datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), el porcentaje de personas con préstamos familiares que registran atrasos superiores a 90 días alcanzó el 12,7%, lo que representa cerca de 7 millones de deudores.
El último dato oficial publicado por el BCRA, correspondiente a abril, ubicaba ese indicador en 12,1%, lo que confirma una tendencia ascendente.
Qué efectos tiene el aumento de la mora
El crecimiento de la morosidad genera un doble impacto sobre la economía.
Por un lado, obliga a las entidades financieras a endurecer las condiciones para otorgar nuevos préstamos y revisar sus criterios de evaluación de riesgo. Por otro, reduce la disponibilidad de crédito para familias y empresas, limitando tanto el consumo financiado como el acceso al capital de trabajo.
Este contexto plantea un desafío para la recuperación de la actividad económica, ya que el crédito continúa sin consolidarse como uno de los principales motores del crecimiento, pese a un escenario de tasas de interés más moderadas y una inflación que mantiene una trayectoria descendente.

