El Gobierno nacional incluyó en el borrador de la reforma laboral que enviará al Congreso la posibilidad de reimplantar los tickets canasta, también denominados vales alimentarios, una herramienta que fue habitual en la década del 90 bajo la figura de beneficios sociales no remunerativos. La iniciativa genera expectativa en el sector empresarial y preocupación en los sindicatos, que advierten riesgos de segmentación salarial.

Los tickets canasta estuvieron regulados por el artículo 103 bis de la Ley de Contrato de Trabajo, que los habilitaba como beneficios sin aportes previsionales ni incidencia en aguinaldo o indemnizaciones. En 2007, la Ley 26.341 eliminó su uso como forma de pago salarial y dispuso que los vales se integraran al salario remunerativo. Luego, la Corte Suprema consolidó el criterio de que estos beneficios forman parte del sueldo en tanto retribuyen trabajo.
El Ejecutivo sostiene que un sistema actualizado y transparente de vales alimentarios podría impulsar la formalización laboral y facilitar el acceso a bienes básicos sin aumentar el costo empresario directo. Las organizaciones gremiales, en cambio, alertan por una posible reducción de derechos adquiridos.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) establece en su Convenio 95 que el salario debe abonarse en moneda de curso legal y que los pagos en especie deben ser complementarios, adecuados al consumo del trabajador, voluntarios y no vinculados a la obligación de comprar en un comercio determinado. Además, su valor debe ser justo y razonable.
En América Latina, existen sistemas similares con marcos regulados. En México, los vales de despensa son frecuentes, están regulados por la Ley Federal del Trabajo, no pueden reemplazar el salario mínimo y suelen representar entre el 4% y el 12% del ingreso mensual. En Colombia, el pago en especie no puede superar el 50% del salario —30% si el trabajador percibe el mínimo— y debe ser proporcional y voluntario. En Brasil, el Programa de Alimentação do Trabalhador (PAT) promueve vales y comidas subsidiadas con incentivos fiscales y con un límite que no puede superar el 20% del salario.
Otros países de la región, como Chile y Uruguay, permiten beneficios de alimentación o transporte bajo convenio, siempre con la condición de que el salario base se pague íntegramente en efectivo.

En Europa, los vales alimentarios están integrados a los sistemas laborales con regulaciones estrictas y topes fiscales. En España, los cheques restaurante están exentos de impuestos hasta 11 euros diarios y se consideran retribución en especie. En Francia, los tickets restaurant funcionan mediante una tarjeta electrónica cofinanciada y cuentan con supervisión estatal y prestadores autorizados. En Italia, los buoni pasto tienen un límite exento de 8 euros y reglas específicas sobre valor, uso y control fiscal.
En todos los modelos comparados, el principio central es que los vales alimentarios complementan el salario monetario y no lo sustituyen, y funcionan dentro de marcos regulados que buscan equilibrar incentivos, transparencia y protección del ingreso.
