En un giro inesperado en la política cambiaria, el Gobierno confirmó que el Tesoro Nacional intervendrá en el mercado de cambios para contener la volatilidad del dólar en la previa electoral. La decisión fue avalada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque con una condición determinante: las operaciones deberán financiarse exclusivamente con recursos del superávit fiscal y no con reservas del Banco Central.

La medida marca un quiebre respecto del esquema pactado con el FMI, que restringía las intervenciones oficiales únicamente al alcanzar el techo de la banda cambiaria, inicialmente fijada entre $1.000 y $1.400. Sin embargo, la escalada del dólar, que el lunes tocó los $1.385, llevó al equipo económico a buscar frenar la presión inflacionaria.
“Al Fondo Monetario le pareció genial”, señaló Federico Furiase, director del BCRA, destacando que el mecanismo no compromete las reservas ni genera nuevas deudas, dado que se financia con excedentes presupuestarios. El anuncio se suma a la intervención secreta realizada la semana pasada, que ya había despertado sospechas en el mercado.
La condición impuesta por el FMI limita la flexibilidad del Gobierno para responder a shocks imprevistos y expone la fragilidad del modelo económico. Si bien en julio se informó un superávit fiscal primario de $1,74 billones, el peso de los intereses capitalizados de la deuda —estimados en $19 billones— pone en duda su sostenibilidad a mediano plazo. La reacción de los mercados no se hizo esperar: los bonos soberanos retrocedieron hasta 3% y el riesgo país se acercó a los 950 puntos básicos.

En paralelo, persiste la incógnita sobre el futuro del esquema de bandas. Desde el Palacio de Hacienda insisten en que el régimen sigue vigente y que las ventas del Tesoro son “puntuales y temporales”. Consultoras privadas, como 1816, estimaron que en las últimas dos semanas ya se habrían inyectado más de u$s300 millones, inicialmente atribuidos a asistencia para provincias.
El debate se centra en si estas operaciones representan un verdadero cambio en la estrategia cambiaria o una maniobra transitoria de contención política. En cualquier caso, la señal del FMI de condicionar la intervención al superávit fiscal coloca a la sostenibilidad de las cuentas públicas en el centro de la discusión sobre el rumbo económico.
