La “tarjeta comedor” vuelve al debate y podría reemplazar a los viejos tickets canasta
La posible vuelta de los luncheon tickets, ahora bajo un formato electrónico y trazable, tomó fuerza en el marco de la reforma laboral impulsada por el Gobierno. La propuesta apunta a facilitar el almuerzo diario de los trabajadores sin que este aporte se sume al salario ni genere cargas sociales.
A diferencia de los antiguos tickets de los 90, la nueva tarjeta comedor funciona como una tarjeta bancaria: es segura, auditable y utilizable solo en comercios gastronómicos habilitados. Este mecanismo, ya consolidado en países como Brasil, México, Uruguay, Francia y Bélgica, es valorado por más del 90% de los trabajadores, según la firma Edenred.
El beneficio consiste en un monto fijo o tope diario, lo que evita desigualdades entre empleados de distintos salarios. Cada operación queda registrada, no puede cambiarse por dinero y tampoco permite acumulación, lo que garantiza que el aporte sea usado para cubrir una comida durante la jornada laboral.
Desde sus promotores destacan que el sistema impulsa la formalidad laboral y comercial, ya que solo empresas registradas pueden otorgarlo y solo comercios que facturan pueden cobrarlo. Esto genera un circuito virtuoso que dinamiza el sector gastronómico, proveedores y productores vinculados.
Otro de sus atractivos es que permite incluir a trabajadores remotos, móviles o sin un lugar fijo, que hoy suelen quedar fuera de los comedores empresariales. De esta manera, tanto una Pyme como una gran compañía pueden ofrecer el mismo estándar de bienestar.
En medio de los cambios que evalúa el Gobierno, la tarjeta comedor se perfila como un beneficio moderno, no remunerativo y seguro, pensado para mejorar la calidad de vida del trabajador y, al mismo tiempo, sostener la competitividad de las empresas.