El último informe del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) mostró un panorama complicado: en octubre, el ICF se desplomó hasta 13,5 puntos, reflejando uno de los momentos de mayor tensión para el sistema financiero argentino en el año. La combinación de brecha cambiaria, un clima político incierto y el apretón de tasas profundizó las dificultades para acceder al crédito.
El subíndice local retrocedió hasta -15,2 unidades, lo que el IAEF calificó como un ingreso pleno en estrés severo. La tasa BADLAR saltó a un promedio del 46%, muy por encima del nivel observado a mitad de año, mientras que la brecha con la tasa Call se amplió y complicó aún más el financiamiento.

El contexto externo tampoco acompañó. El subíndice internacional cedió 10 puntos, afectado por la volatilidad global, la persistencia del conflicto comercial y la parálisis parcial del gobierno de Estados Unidos. Aunque aún se mantiene en zona de confort, el entorno global mostró señales de mayor fragilidad.
Tras las elecciones, el mercado reaccionó con un rally financiero que todavía no se refleja en el indicador de octubre. El Merval, medido al contado con liquidación, saltó un 50% en pocos días, y el Banco Central redujo la tasa de simultáneas para intentar normalizar la plaza financiera. El IAEF anticipó que este movimiento recién impactará en los datos de noviembre.
De cara a los próximos meses, el instituto advirtió que el tipo de cambio en el techo de la banda, ajustando al 1% mensual frente a una inflación del 2%, podría reinstalar un atraso cambiario similar al que precedió la corrida preelectoral. Sectores productivos ven necesaria una mayor competitividad del peso, lo que abre nuevos desafíos para la política económica.



