Mientras la inflación continúa desacelerándose y los bancos cuentan con mayor liquidez, las tasas de interés para empresas comenzaron a mostrar una baja importante. Sin embargo, esa tendencia todavía no llega con fuerza a los créditos destinados a personas, donde las entidades mantienen condiciones mucho más elevadas por temor al crecimiento de la mora.
En el segmento corporativo, el descuento de cheques pasó en pocos meses de tasas cercanas al 40% anual a niveles del 30%. Incluso, algunas compañías de primera línea logran financiamiento por debajo del 27%, especialmente aquellas con avales sólidos o vínculos exportadores.
La situación es distinta para consumidores y familias. Las tarjetas de crédito mantienen tasas nominales cercanas al 88% anual para quienes financian saldos, mientras que los préstamos personales rondan el 67%, aunque el costo final aumenta al sumar impuestos y cargos administrativos. En muchos casos, el financiamiento supera ampliamente la inflación proyectada para los próximos meses.

Desde el sector financiero reconocen que las tasas para individuos siguen siendo elevadas, pero explican que la principal preocupación es el aumento de la morosidad registrado durante la primera parte del año. En algunos bancos, la mora en créditos personales superó el 11%, mientras que ciertas fintech alcanzaron niveles cercanos al 25%.
Ante ese escenario, las entidades optan por estrategias más conservadoras. Prefieren colocar fondos en instrumentos del Tesoro o financiar empresas con bajo riesgo antes que expandir agresivamente el crédito al consumo. Al mismo tiempo, comenzaron a ofrecer refinanciaciones y mayores plazos de pago para clientes con dificultades.
Pese a la cautela bancaria, la baja de tasas ya empieza a sentirse de forma indirecta en el consumo. Comercios y cadenas comerciales recuperaron margen para ofrecer cuotas sin interés, especialmente en rubros como electrodomésticos e indumentaria, donde el financiamiento volvió a ser clave para sostener las ventas.



