Las proyecciones de un inminente exceso de oferta de petróleo a nivel global no se están reflejando en una caída significativa de los precios del crudo. Pese a que organismos como la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la Administración de Información Energética de EE.UU. pronostican superávits récord para 2026, la cotización del Brent -referencia internacional- permanece prácticamente sin cambios desde junio, rondando los 67 dólares por barril.
La clave, según especialistas, estaría en la silenciosa acumulación de reservas por parte de China, que ha incrementado sus compras para fortalecer su reserva estratégica de petróleo. Este almacenamiento, que llegó a un máximo de 900.000 barriles diarios en el segundo trimestre del año, ha sido interpretado por los operadores como un signo de mayor consumo, en lugar de un exceso de suministro.

Consultoras como Macquarie y Rystad estiman que el superávit podría superar los 2 millones de barriles diarios en 2026. Sin embargo, la demanda mundial crecería apenas en 700.000 barriles por día, el ritmo más lento desde 2009, lo que genera preocupación sobre el equilibrio entre producción y consumo.
Otro factor que influye es la dinámica de la OPEP+, que anunció aumentos de producción, aunque varios de sus miembros ya alcanzaron su capacidad máxima. Para analistas como Amrita Sen, fundadora de Energy Aspects, esto limita la posibilidad de un desplome abrupto de precios: mientras se mantengan las compras de China y la oferta adicional no sea tan alta, el barril difícilmente caiga a los 40 dólares como sugieren algunos pronósticos más pesimistas.
En este escenario, el mercado se mueve entre la incertidumbre y la especulación. Aunque muchos anticipan que el exceso de crudo terminará presionando a la baja, otros recuerdan que los mercados suelen reaccionar de manera inesperada cuando la mayoría coincide en una misma narrativa.
