Aunque los ingresos siguieron creciendo en términos nominales, el reparto de ese dinero volvió a mostrar señales de mayor desigualdad. Así lo reflejó el último informe del INDEC, que relevó la situación de los 31 aglomerados urbanos del país durante el primer trimestre de 2026.
El dato más importante del informe es que el coeficiente de Gini, el indicador que mide cómo se distribuyen los ingresos, pasó de 0,435 a 0,442 en comparación con el mismo período del año pasado. En otras palabras, la distribución del dinero entre la población se volvió un poco más desigual.
Otro dato que se mantuvo sin cambios es la brecha de ingresos entre quienes más y menos ganan. Según el organismo, el 10% de la población con mayores ingresos sigue percibiendo, en promedio, 15 veces más que el 10% con menores ingresos.
El informe también muestra que el 61,9% de la población recibió algún ingreso durante el trimestre. En ese grupo, el ingreso promedio individual fue de $1.153.457, mientras que el ingreso per cápita familiar promedio llegó a $728.008.

Las diferencias entre hombres y mujeres continúan siendo importantes. Mientras que los varones tuvieron un ingreso promedio de $1.352.247, las mujeres percibieron en promedio $959.030, una brecha que sigue marcando distancia en el mercado laboral.
En el caso de quienes tienen un empleo, el ingreso promedio de la ocupación principal alcanzó los $1.104.227. Entre los asalariados, quienes cuentan con descuento jubilatorio registraron ingresos considerablemente más altos que aquellos que trabajan sin aportes previsionales.
El estudio también revela que los ingresos laborales continúan siendo el principal sostén de los hogares: representan el 77,7% del total de los recursos familiares. El 22,3% restante corresponde a jubilaciones, pensiones, subsidios y otras transferencias, un componente que tiene mayor peso entre las familias de menores ingresos.
En conjunto, la masa total de ingresos aumentó 35,6% respecto del mismo trimestre del año pasado. Sin embargo, el informe aclara que estos datos describen cómo se distribuyen los ingresos entre la población y no reflejan, por sí solos, el impacto que tiene la inflación sobre el poder de compra de los hogares.


