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Salarios en tensión: el ajuste invisible que sostiene la desinflación de Milei

El control de las paritarias fue una pieza clave del programa antiinflacionario, pero dejó salarios reales todavía rezagados, fuertes diferencias entre sectores y una recuperación que depende de la estabilidad cambiaria y del rumbo económico de 2026.

salario

Durante 2025, la política salarial se consolidó como uno de los pilares silenciosos del programa económico del presidente Javier Milei. En un escenario de desinflación progresiva, el control de los ingresos laborales operó como una herramienta clave para evitar mecanismos de indexación automática y sostener la desaceleración de precios, aunque con costos visibles en el poder adquisitivo.

Hasta mediados de año, el Gobierno promovió de manera implícita un límite a las paritarias, orientando las negociaciones colectivas a incrementos por debajo o en línea con la inflación. El objetivo fue claro: consolidar un proceso de orden macroeconómico y reducir la inercia inflacionaria, aun a costa de postergar la recomposición salarial.

A partir de junio, ese esquema comenzó a mostrar fisuras. Algunos gremios lograron cerrar acuerdos que superaron marginalmente al IPC, marcando un punto de inflexión en la estrategia oficial. Sin embargo, el margen de maniobra volvió a estrecharse con la llegada de la volatilidad cambiaria vinculada al calendario electoral, que se intensificó durante el tercer trimestre del año.

Frente a un nuevo repunte inflacionario, la respuesta sindical fue mayoritariamente defensiva: proliferaron los bonos, las sumas fijas y otros pagos extraordinarios como forma de amortiguar la pérdida de ingresos, sin modificar de manera estructural los salarios básicos. Esta dinámica permitió aliviar tensiones coyunturales, pero dejó intacto el problema de fondo: la debilidad del salario real.

Los datos oficiales reflejan ese escenario. En octubre, los salarios privados registrados y los salarios públicos volvieron a ubicarse por debajo de la inflación mensual, mientras que los trabajadores informales mostraron subas más elevadas, aunque distorsionadas por el rezago estadístico. En términos acumulados, los ingresos formales todavía no lograron recuperar lo perdido frente al avance de los precios.

La comparación histórica es elocuente. Medidos contra noviembre de 2023, los salarios reales siguen mostrando un retroceso, con especial impacto en el sector público, donde el ajuste fue significativamente más profundo. En promedio, los trabajadores registrados enfrentan una caída real persistente, que condiciona el consumo y la dinámica del mercado interno.

El desempeño salarial tampoco fue homogéneo. Los sectores vinculados a la intermediación financiera y a actividades de mayor dinamismo económico lograron acompañar —o al menos empatar— la inflación. En contraste, rubros intensivos en empleo como Comercio, Industria y servicios personales quedaron rezagados, profundizando la fragmentación del mercado laboral.

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Esta disparidad se refleja también en los indicadores de distribución del ingreso. Las brechas entre trabajadores formales e informales continúan ampliándose, con diferencias salariales que duplican los niveles de ingreso según el grado de registración laboral. La informalidad se consolida así como uno de los principales factores estructurales de desigualdad económica.

Un relevamiento reciente sobre salarios de convenio, centrado exclusivamente en los básicos, confirma esta tendencia. La mayoría de las actividades cerró el año con pérdidas reales, especialmente en sectores como empleadas domésticas y estatales, mientras que gremios de mayor poder de negociación aún dependen de ajustes finales para evitar un cierre negativo. La exclusión de bonos y adicionales permite observar con mayor claridad el deterioro del ingreso permanente.

De cara a 2026, el escenario proyecta mayor previsibilidad, aunque sin euforia. Las empresas anticipan aumentos moderados, alineados a expectativas de inflación más baja, pero con esquemas flexibles de compensación variable para retener talento. La evolución del tipo de cambio, dentro del esquema de bandas, aparece como un factor decisivo para la planificación salarial del próximo año.

En síntesis, el proceso de desinflación dejó como contracara un mapa salarial desequilibrado. La estabilidad de precios avanza, pero la recomposición de los ingresos sigue siendo una asignatura pendiente, con ganadores y perdedores claros en un mercado laboral que aún no logra cerrar la brecha abierta por el ajuste inicial del programa económico.

 

Fuente: Ámbito Financiero 

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