El nivel de morosidad bancaria mostró una tendencia creciente en los últimos meses y encendió señales de preocupación en el sistema financiero. Según datos del Banco Central, el índice de irregularidad en préstamos a familias alcanzó el 9,3% en diciembre de 2025, con picos cercanos al 12% en créditos personales y del 9% en tarjetas.
En contraste, la mora en empresas se ubicó en 2,5%, aunque especialistas advierten que ese número podría no reflejar completamente la situación real. Desde el sector financiero aseguran que en los primeros meses de 2026 comenzaron a observarse mayores dificultades de pago, especialmente en actividades productivas.

Un informe de la consultora LCG identificó que cerca del 15% de los créditos corporativos existentes empeoraron su calificación en el último año. Este deterioro fue rápido: gran parte de los deudores pasó de estar en situación normal a niveles de riesgo más altos en pocos meses, lo que anticipa un posible aumento de la mora en el corto plazo.
En el caso de los hogares, el problema es aún más marcado. La combinación de inflación, caída del ingreso real y mayor acceso al crédito en meses previos impactó en la capacidad de pago. En enero de 2026, la mora en este segmento llegó al 10,6%, el nivel más alto en más de dos décadas. Además, el endeudamiento de las familias creció con fuerza: actualmente equivale al 23% de sus ingresos y el promedio de deuda pasó de 1,5 a 2,5 salarios en un año. A esto se suma el elevado costo financiero en el sistema no bancario, donde las tasas pueden superar el 400% anual.
El deterioro también se refleja fuera del sistema tradicional. En el sector no bancario, la irregularidad alcanza niveles de entre el 24% y el 27%, mientras que algunas cadenas comerciales con financiamiento propio registran índices de mora superiores al 45%. En este contexto, analistas coinciden en que el aumento de la morosidad está más vinculado a la recesión y al deterioro del poder adquisitivo que a factores estrictamente monetarios, lo que plantea un desafío creciente para bancos, empresas y consumidores.



