A más de dos décadas de su estreno, La pasión de Cristo sigue generando impacto y controversia. Esta semana, Mel Gibson confirmó que la secuela de su icónica película comenzará a filmarse en 2026. Según el actor y director, el nuevo film explorará escenarios no terrenales, incluyendo el infierno, y promete ser una experiencia única. "Es un viaje de ácido", expresó Gibson durante una entrevista en el podcast de Joe Rogan.

El guion, escrito por el propio Gibson junto a Randall Wallace, incluirá elementos sobrenaturales y no lineales. "Quiero mostrar la caída de los ángeles, lo que significa que vamos a explorar otros reinos. Nunca había leído nada parecido", agregó. El protagonista de la cinta original, Jim Caviezel, volverá a interpretar a Cristo, asegurando que esta nueva entrega será “trascendental en la historia del cine”.
La primera película, estrenada en 2004, es considerada la producción independiente más taquillera de todos los tiempos, con una recaudación de casi 612 millones de dólares. Sin embargo, no estuvo exenta de polémicas, especialmente por su enfoque en la representación de los judíos. En Argentina, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) advirtió sobre los riesgos de incitación al odio que podía representar el film.

En Estados Unidos, la película también enfrentó críticas desde antes de su estreno, cuando comentarios antisemitas atribuidos al padre de Gibson generaron preocupación en varios sectores de la comunidad judía. A pesar de las controversias, la cinta se convirtió en un fenómeno cultural y espiritual, y ahora su secuela podría reavivar los debates.
El año pasado, Gibson visitó locaciones en Europa, incluyendo Malta e Italia, buscando escenarios para esta nueva producción. Según explicó el director, el guion y la ambientación buscarán yuxtaponer eventos centrales de la historia de Cristo con dimensiones que van más allá de lo terrenal, combinando drama histórico y elementos de ciencia ficción.
Se espera que esta nueva entrega de La pasión de Cristo lleve a los espectadores por un viaje visual y narrativo sin precedentes, marcando un nuevo capítulo en la carrera de Gibson y en el cine religioso contemporáneo.




