Del merengue de la abuela Esther a uno de los mejores alfajores del país
Las mejores historias son simples. Comienzan con un acto cotidiano, en apariencia intrascendente, y después van tomando cuerpo, forma, enriqueciéndose, también con acciones simples y cotidianas, hasta transformarse en la mejor historia posible.
Entre el merengue que hacía la abuela Esther para las tortas familiares, a que la marca Chocolezza sea asociada con uno de los alfajores más ricos y premiados de la Argentina, hay cuarenta y cinco años de trabajo familiar, enfocado en el convencimiento de tener un producto de calidad y de tomar buenas decisiones.
Hoy los Juárez pueden decir que producen alfajores y chocolates artesanales de altísima calidad, que tienen cuarenta variedades de producto y que cincuenta familias viven de trabajar en la empresa. Que reciben a 200.000 visitantes por año en su planta modelo. Que tienen franquicias en Buenos Aires, Corrientes, Córdoba, Rosario, Santa Fe, Entre Ríos y San Luis. Que ya exportan a Chile y que ya están cerrando trato para llevar sus productos a Brasil y a Paraguay. Que no paran de crecer, pero siempre con la premisa de cuidar la calidad del producto. Y que también son profetas en su tierra, porque los mendocinos saben de la calidad de Chocolezza.
Todo empezó con el merengue que hacía mi abuela Esther. Se lo ponía a las tortas. Todos adoraban ese merengue, recuerda Marcos Juárez, tercera generación familiar y hoy encargado del área de desarrollo de la compañía.
Entonces, mi abuelo Duilio y mi papá, Rubén, empezaron a hacer un alfajor de dulce de leche bañado con ese merengue. Lo vendían ellos mismos a los negocios y el alfajor tuvo muchísima aceptación. Después le sumaron los alfajores de chocolate negro y chocolate blanco.
Fue un buen comienzo. El segundo paso fue algo natural. Mi abuelo trabajaba en el ferrocarril y, como ya vendían bastante, decidieron montar un negocio. Eligieron la vereda norte de la calle Las Heras, en ciudad. Fue exactamente en Las Heras 540, entre Chile y 25 de Mayo. Y la elección de esa vereda no fue casual. La gente se bajaba del tren en la estación de Las Heras y Belgrano y caminaba por esa vereda. Aún hoy esa vereda sigue más transitada que la otra, cuenta Marcos.
Allí empezaron a venderse los alfajores, que se fabricaban en una planta pequeña en el segundo piso. Se bañaban y se envolvían a mano, dice el empresario.
Y la empresa, de a poco, sin apuro, fue creciendo. Y el crecimiento tuvo siempre una condición ineludible: mantener la calidad.
Es que los alfajores de Chocolezza están dentro del escaso 10 % de los alfajores nacionales que usan chocolate real, natural, en su baño. El 90% restante usa baño de repostería.
Esto hace que tengamos un producto de primerísima calidad, acepta Marcos Juárez. Claro, también esto implica costos mucho más altos en materia prima, pero la familia siempre ha elegido sostener esa calidad en los cuarenta productos que hoy comercializa, fabricados en una planta modelo con tecnología italiana.
Pero no todo es simple. También la empresa debe superar dificultades, algunas impensadas, como la crisis mundial del cacao.
El calentamiento global y un virus en las plantaciones han afectado significativamente y ha hecho que haya mucha demanda y poca oferta, lo que hace que se eleve el precio, cuenta Marcos.
El cacao que utiliza Chocolezza es de Brasil y también están intentando recuperar el cacao de Venezuela, que antes era el principal en la elaboración.
Marcos Juárez cuenta que los principales productores de cacao son Costa de Marfil y Haití, pero se procesa en Suiza, Holanda y Bélgica, donde se hacen el licor de cacao, la manteca de cacao y el cacao en polvo, que son las materias primas.
Para exportar alfajores la cosa tampoco es simple. Nuestros alfajores no tienen aditivos ni conservantes, por lo que la entrega tiene que ser muy rápida porque el vencimiento es corto y no es simple tampoco consolidar una carga para enviarlos refrigerados.
Aun así, los alfajores Chocolezza llegan a Chile y ya están por llegar también a Brasil y Paraguay está por recibir todos sus productos.
Marcos cuenta que tienen una importante cantidad de franquicias en el país, pero que no nos volvemos locos con eso. Lo hacemos de forma muy controlada porque nos interesa sostener la calidad, asegurar el abastecimiento y sostener el crecimiento.
Toda la familia ha trabajado y trabaja en la empresa y los bisnietos de Esther, la abuela de aquel merengue famoso, parece que seguirán manteniendo lo que ya es una tradición.
Los Premios de Chocolezza
Entre otros premios, Chocolezza se consagró con grandes premios en el Campeonato Mundial del Alfajor 2023, que se desarrolló en el predio de La Rural, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, compitieron contra marcas de todo el país y de Uruguay, Colombia, Brasil, Ecuador, España, Paraguay, Perú, Canadá y Estados Unidos.
Chocolezza obtuvo:
- Medalla de oro en la categoría Mejor Aroma, con su alfajor de dulce de leche al rhum.
- Medalla de bronce en la categoría Fruta, con su alfajor de manzana a la canela.
- Medalla de bronce al mejor stand.
El origen del Alfajor
El alfajor no es un invento argentino. Pertenece a la gran familia de los turrones y su origen es árabe. Allí se hacía una masa a partir de la cocción de miel y le agregaban almendras. Se le llamaba alajú. Primero llegó a Europa por el mar Adriático, puntualmente al norte de Italia, y por el Mediterráneo al sur de España.
Allí el relleno podía ser de miel, mermeladas, jaleas o frutas.
Los andaluces, principales receptores de las tradiciones árabes en España, fueron especialistas reposteros y aportaron un eslabón a la cadena evolutiva cuando le dieron forma de chorizo o salamín. Una vez completada la preparación del alajú se bañaba en almíbar y en azúcar.
El relleno llamado alfajor arribó al continente americano con los españoles, aunque la forma cilíndrica no tuvo mucho éxito. Aquí se prefirió moldear la masa y que adoptara forma cuadrada o de rombo. De esa manera arraigó en Santo Domingo, Cuba, Venezuela, México, Perú, Chile y también en la cuenca del Plata. De Perú hacia el norte mantiene su condición de relleno romboide.
Pero en Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay se confundió con las tabletas. En el norte y centro del territorio argentino se dio el nombre de alfajor a dos piezas de masa de hojaldre unidas por un relleno que, por lo general, era dulce de leche, que fue el sello argentino y que significó la incorporación del alfajor a la tradición nacional.