Con la llegada de la primavera, los espárragos frescos inundan las verdulerías. Este brote tierno de la esparraguera, reconocido por su sabor y versatilidad, tiene una ventana de cosecha muy breve que se extiende desde fines de agosto hasta mediados de noviembre, por lo que los chefs y amantes de la buena mesa se apresuran a aprovecharlos.

Si bien China es el mayor productor mundial, Mendoza y otras provincias argentinas también son productores, y la tierra cuyana también alberga una arraigada tradición popular: durante estos meses, es común que las familias salgan a recolectar espárragos silvestres que crecen de manera natural a la vera de canales de riego y caminos rurales, una práctica que pasa de generación en generación.
A la hora de consumirlos, las opciones son infinitas. Desde la clásica preparación hervida con aceite de oliva y sal, hasta grillados, en tartas, tortillas, salteados con otras verduras, su sabor único complementa perfectamente asados y otras delicias locales.

Para elegir los mejores ejemplares, hay que buscar aquellos con tallos firmes y puntas bien cerradas. Los expertos recomiendan que al partirlos mustren un crujido fresco, señal de máxima calidad. Un manjar de temporada que destaca el vínculo de Mendoza con su tierra y sus tradiciones gastronómicas.



