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PANORAMA

Geopolítica y vino argentino: cómo los cambios globales pueden redefinir el futuro de la industria

En la tercera edición del foro El Futuro del Vino Argentino, especialistas analizaron las tendencias que marcarán el rumbo del sector. La demografía, la tecnología y el poder mundial aparecen como factores clave para entender las oportunidades y desafíos que enfrenta el vino argentino.

Vino

En un contexto de caída del consumo global de vino y de retracción en el mercado interno, la vitivinicultura argentina busca nuevas herramientas para proyectarse. Con ese propósito se desarrolló la tercera edición del foro El Futuro del Vino Argentino, organizado por el Fondo Vitivinícola y la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), que convocó a referentes nacionales e internacionales para analizar cómo las transformaciones geopolíticas, económicas y tecnológicas inciden sobre la actividad.

Entre los temas centrales del encuentro se destacaron la necesidad de planificación estratégica, el impacto de los cambios globales en los mercados del vino y la importancia de adaptar la producción a nuevas condiciones de consumo y comercio internacional.

Un mundo que cambia el tablero

El escenario mundial está marcado por tres grandes transformaciones: el cambio climático y geográfico, la transición demográfica y la revolución tecnológica.

El derretimiento del Ártico podría abrir nuevas rutas de navegación más cortas y económicas, concentrando el intercambio comercial en el hemisferio norte y alejando a las economías del sur. En paralelo, el desequilibrio demográfico modifica los centros de demanda: Europa envejece, América se desacelera, Asia se mantiene fuerte y África emerge como la próxima gran región poblacional. A fines de siglo, ambos continentes concentrarán la mayor parte de la población mundial.

Vino mendocino Gualtallary
 

Por otro lado, el avance tecnológico continúa liderado por Estados Unidos y China, donde se concentran las principales empresas y polos de innovación, marcando las pautas de desarrollo productivo y comercial del resto del planeta.

En ese contexto, la capacidad del vino argentino para posicionarse en nuevos mercados dependerá no sólo de su calidad o estrategia comercial, sino también de cómo logre insertarse en una dinámica global definida por el poder, la logística y la competencia entre potencias.

El desafío argentino

Argentina enfrenta una paradoja: mientras la lógica del comercio internacional parece orientarse hacia Asia —región donde se concentra más del 60% de la población mundial y buena parte del crecimiento económico—, la política exterior actual busca reforzar su vínculo con Estados Unidos.

Esta orientación geopolítica, contraria a la tendencia global de acercamiento a Asia, podría representar tanto un riesgo como una oportunidad. Estados Unidos atraviesa un proceso de reindustrialización y defensa de su producción nacional que aún mantiene un peso decisivo en la economía mundial. Apostar a ese bloque implica alinear los intereses del país con una potencia que resiste su declive, pero que continúa siendo un actor central en la innovación y el consumo.

Mirar a largo plazo

El foro subrayó la importancia de analizar los cambios estructurales y no limitarse a la coyuntura. Con más de 800 bodegas activas, 208 restaurantes vinculados al turismo del vino y dos millones de visitantes anuales, la industria vitivinícola sigue siendo un motor económico, cultural y de identidad para Mendoza y el país.

Sin embargo, la transformación de los patrones de consumo, la competencia global y los costos logísticos exigen una mirada de largo plazo basada en datos, cooperación público-privada e innovación.

En un mundo en movimiento, el futuro del vino argentino dependerá de su capacidad para adaptarse a los nuevos mapas del poder y encontrar su lugar en la próxima geografía del comercio global.

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