Las veredas, los bancos de las plazas y hasta los autos que se estacionan bajo ciertos árboles del Gran Mendoza lucen en estos días cubiertos por una sustancia pegajosa. La causa es la proliferación de la cochinilla harinosa, una plaga que afecta a las moreras, especie predominante del arbolado público en la región.
La presencia de este insecto no es nueva, pero el comportamiento climático atípico del otoño—con temperaturas variables y escasez de lluvias—favoreció su desarrollo y aumentó la visibilidad de los residuos que deja: una melaza azucarada que cae sobre el entorno.
A pesar de que se alimenta del árbol, la cochinilla no representa un riesgo severo para su salud. Sin embargo, la sustancia que excreta genera molestias tanto a vecinos como a transeúntes, debido a su capacidad de impregnar superficies y atraer otros insectos.
Control focalizado y medidas preventivas
Desde la Dirección de Espacios Verdes y Arbolado de la Ciudad de Mendoza indicaron que se están realizando intervenciones puntuales para mitigar la propagación, evitando fumigaciones masivas que puedan afectar el equilibrio del ecosistema urbano. Además, durante los últimos meses se trabajó en el mantenimiento de las copas para reducir el follaje, lo que permite controlar mejor la plaga.

El fenómeno tiende a disminuir de forma natural con la llegada del frío y la caída de las hojas. Mientras tanto, se recomienda a los vecinos tener precaución en las zonas más afectadas por la sustancia pegajosa, especialmente al circular por veredas o estacionar vehículos bajo moreras.
