La desregulación del comercio exterior impulsada por el Gobierno nacional comenzó a reflejarse con fuerza en las góndolas de los supermercados de Mendoza. La mayor apertura para importar alimentos y la simplificación de los trámites generaron un ingreso más amplio de productos extranjeros, algunos de los cuales muestran bajas de precios de hasta el 30% y compiten directamente con la producción nacional.
Especialistas del comercio exterior y del sector mayorista coinciden en que no se trata de una avalancha indiscriminada de mercadería importada, sino de un cambio en las condiciones de acceso al mercado. El fenómeno se concentra, principalmente, en productos que ya se importaban, pero que antes estaban en manos de pocos operadores, lo que limitaba la competencia.
Con la apertura del mercado, esos mismos productos ahora pueden ser traídos por más empresas, lo que derivó en una mayor competencia y una baja de precios. Entre los alimentos que registraron descensos más notorios se encuentran atún, palmitos y ananá, artículos que son íntegramente importados y que comenzaron a ofrecerse a valores más accesibles.

Qué pasa con los productos fabricados en el país
La situación es distinta para los alimentos de producción nacional. Con el actual tipo de cambio, importar productos básicos como fideos, harina, azúcar o leche resulta más costoso que fabricarlos localmente. Por ese motivo, esos artículos continúan siendo competitivos en precio frente a las alternativas extranjeras.
Sin embargo, en otros rubros la competencia es más intensa. Café, conservas y algunos lácteos muestran una mayor presencia de marcas internacionales, que reaparecen en las góndolas con precios más bajos y amplían la oferta disponible para los consumidores.
El desafío de los costos internos
Desde el ámbito del comercio exterior advierten que la apertura genera oportunidades, pero también expone las debilidades estructurales de la industria local. La principal preocupación pasa por los costos internos, tanto impositivos como laborales, que encarecen la producción nacional frente a los productos importados.
En ese sentido, remarcan que, mientras no se reduzca la presión tributaria y otros costos estructurales, la industria argentina seguirá en desventaja. La necesidad de “nivelar la cancha” aparece como una condición clave para que los productores locales puedan competir en igualdad de condiciones.
