Todos los riesgos de fumar en las madrugadas mendocinas
Las tres de la madrugada de un viernes frío. No anda ni Cristo en la calle y conseguir un kiosco abierto es tan difícil como que Él resucite otra vez. De casualidad, milagrosamente se podría decir siguiendo el tono cristiano del inicio, justo a la vuelta de la manzana encuentro uno, el único.
Es una especie de bolichito que tiene las rejas cerradas y la puerta abierta. Adentro hay cinco hombres, más o menos de unos 30 años. No es muy difícil suponer que hay cuatro que le están haciendo compañía a uno, hasta que cierre. Ese se acerca, le pido un Phillip y le doy la plata. Mientras va a buscarlos, miro la calle.
A unos 20 metros hay una moto parada en la vereda y un hombre cerca de ella. Otro, con un casco negro todavía puesto, viene caminando hacia el kiosco. Renguea.
─¿Viste lo que me pasó? ─, me pregunta. Está muy en pedo..., o algo.
─ No, no vi, pero parece que te cagaste un golpe ─, respondo.
─ ¡Si, loco!
Después, sin sacarse el casco negro, le pega el grito a alguno de los de adentro del kiosco:
─ ¡Albertoooo, atendeme locooo!
Justo está volviendo el flaco al que le pedí los cigarros. Trae el Phillip y me empieza a dar el vuelto.
─ ¡Albertooo! ─, insiste el del casco, mirando hacia adentro
El que atiende, le pregunta si quiere algo.
─ ¡Claro, boludo! ¿Qué pensás?, ¿qué es un asalto? ¡Hay mucha gente para un asalto! ─, dice, mientras saca una pistola del bolsillo izquierdo de la campera. Apenas deja que la veamos y la vuelve a guardar.
─ No seas güevón, te vas a matar solo de un cuetazo, boludo ─ le digo, sin pensar y con la más estúpida inconsciencia, como si el pedo que carga se lo hubiera agarrado conmigo.
─ Si, loco ─, me contesta, y vuelve a gritar hacia adentro: ─ ¡Albertoooo!
Me voy. Hay media cuadra hasta la esquina de Velez Sardfield, una más hasta Las Heras, y media más hasta llegar a casa. Los primeros cincuenta metros, camino normal, a paso tranquilo, como para disimular. Los siguientes ciento cincuenta, puro el tranco.
No tengo nada encima. Apenas el paquete de Phillip, el vuelto, un jean viejo que se me rajó en el culo, una campera que ya hace rato no debería usar más, un par de zapatillas que solo tienen 7 meses de uso. Casi nuevas.
No me cruzo con nadie. Ni siquiera un auto.
Hace un frío de mierda.
Caminar rápido me agitó. Tengo que dejar de fumar.