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El derecho a saber

Mariano Moreno y su aporte al periodismo nacional

El 7 de Junio de 1810 se publicaba el primer número de la Gazeta de Buenos Aires y sentaba las bases del periodismo en el país.

mariano moreno

Unos días después de instalada la Primera Junta de Gobierno Patrio, como resultado del proceso revolucionario, la hiperactividad del primer gobierno, y la necesidad de establecer y fortalecer su poder, influencia y accionar en todas las nacientes Provincias Unidas del Río de la Plata. 

La gran agenda de trabajo y frenético accionar de la Junta, impulsada en gran parte por su Secretario de Guerra y Gobierno, Mariano Moreno, llevó a la creación, el 2 de Junio de 1810 del Primer Periódico Patrio: La Gazeta de Buenos Aires, en el decreto de creación se establecía entre otros importantes principios que: "el pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes", y bajo el lema: “Tiempos de rara felicidad, aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo” reconocida frase, para la época, del historiador romano Cornelio Tácito.

El 7 de Junio, pocos días después de emitido el decreto de su creación, se publicaba el primer número de la Gazeta, imponiéndose como el órgano de publicidad y difusión de los actos de gobierno y también de las idea de la Primera Junta. Las plumas más avezadas y lúcidas de la época integraron su “staff periodístico” entre los principales el propio Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Manuel Alberti y Bernardo de Monteagudo entre muchas otras colaboraciones que se irían sumando a lo largo de los años.

Así la pluma del ínclito Mariano Moreno justificaba la fundación de este primer medio de comunicación patrio bajo la inspiración de las siguientes y aún vigentes palabras: “Desde el momento en que un juramento solemne hizo responsable a esta Junta del delicado cargo que el pueblo se ha dignado confiarle, ha sido incesante el desvelo de los individuos que la forman para llenar las esperanzas de sus conciudadanos. Abandonados casi enteramente aquellos negocios a que tenían vinculada su subsistencia, contraídos al servicio del público, con una asiduidad de que se han visto aquí pocos ejemplos, diligentes en proporcionarse todos los medios que puedan asegurarles el acierto; ve la Junta con satisfacción que la tranquilidad de todos los habitantes acredita la confianza con que reposan en el celo y vigilancia del nuevo Gobierno. Podría la Junta reposar igualmente en la gratitud con que públicamente se reciben sus tareas; pero la calidad provisoria de su instalación redobla la necesidad de asegurar, por todos los caminos, el concepto debido a la pureza de sus intenciones. La destreza con que un mal contento disfrazase las providencias más juiciosas, las equivocaciones que siembra muchas veces el error,  y de que se aprovecha siempre la malicia, el poco conocimiento de las tareas que se consagran a la pública felicidad, han sido en todos los tiempos el instrumento que limando sordamente los estrechos vínculos que ligan el pueblo con sus representantes produce al fin una disolución que envuelve toda la comunidad en males irreparables.

Para continuar luego haciendo especial hincapié en el principio de publicidad de los actos de gobierno al expresar que: “Una exacta noticia de los procedimientos de la Junta, una continuada comunicación pública de las medidas que acuerde para consolidar la grande obra que se ha principado, una sincera y franca manifestación de los estorbos que se oponen al fin de su instalación y de los medios que adopta para allanarlos, son un deber en el gobierno provisorio que ejerce, y un principio para que el pueblo no resfríe en su confianza, o deba culparse a sí mismos si no auxilia con su energía y avisos a quienes nada pretenden, sino sostener con dignidad los derechos del Rey y de la Patria, que se le han confiado. El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir los delitos. 

Más adelante en una serie de preguntas retóricas destinadas a provocar y llamar la atención de los lectores, pero sobre todos a los poderes establecidos, a la reflexión cuestionaba: “¿Por qué se han ocultado a las provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo el nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península? ¿Por qué se ha de envolver la administración de la Junta en un caos impenetrable a todos los que no tuvieron parte en su formación? Cuando el Congreso general necesite un conocimiento del plan de gobierno que la Junta Provisional ha guardado, no huirán sus vocales de darlo, y su franqueza desterrará toda sospecha de que se hacen necesarios o temen ser conocidos, pero es más digno de su representación fiar a la opinión pública la defensa de sus procedimientos y que cuando todos van a tener parte en la decisión de su suerte, nadie ignore aquellos principios políticos que deben reglar su resolución”.

Para concluir dando la justificación plena a la aparición de tan importante instrumento de difusión y también de propagación de las ideas revolucionarias diciendo: “Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de Gazeta de Buenos Ayres, el cual sin tocar los objetos que tan dignamente se desempañan en el Semanario del Comercio anuncie al público las noticias exteriores e interiores que deban mirarse con algún interés. En él se manifestarán igualmente las discusiones oficiales de la Junta con los demás jefes y gobiernos, el estado de la Real Hacienda y medidas económicas para su mejora; y una franca comunicación de los motivos que influyen en sus principales providencias abrirá la puerta a las advertencias que desee dar cualquiera que pueda contribuir con sus luces a la seguridad del acierto. La utilidad de los discursos de hombres ilustrados que sostengan y dirijan el patriotismo y fidelidad, que tan heroicamente se ha desplegado, nunca es mayor que cuando el choque de las opiniones pudiera envolver en tinieblas aquellos principios, que los grandes talentos pueden únicamente reducir a su primitiva claridad; y a la Junta, a más de incitar ahora generalmente a los sabios de estas provincias, para que escriban sobre tan importantes objetos, los estimulará por otros medios que les descubran la confianza que pone en sus luces y en su celo.

Así en el seno de la junta se establecía la dirección y línea editorial de la Gazeta estableciendo que: “Todos los escritos relativos a este recomendable fin se dirigirán al señor vocal Dr. D. Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la secretaría las noticias oficiales cuya publicación interesa. El pueblo recibirá esta medida como una demostración sincera del aprecio que hace la Junta de su confianza; y de que no anima otro espíritu sus providencias que el deseo de asegurar la felicidad de estas providencias”.

Este primer periódico impreso en Buenos Aires extendió su existencia hasta 12 de Setiembre de 1821 en que se publicó su último número, siendo sustituido por el Registro Oficial, creado por el entonces Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores Bernardino Rivadavia. Durante su existencia La Gazeta, como se la conoció habitualmente, se convirtió en el difusor de las ideas de la revolución y luego del proceso independentista, siguieron a Dr. Mariano Moreno y al canónigo Manuel Alberti, sus primeros redactores, un grupo de destacado patriotas y literatos entre quienes se destacan: Gregorio Funes, Pedro José Agrelo, Vicente Pazos Kanki, Bernardo de Monteagudo, Manuel José García, Emiliano Medrano, Camilo Henríquez, Julián Álvarez, Bernardo Vélez y Manuel Antonio Castro.

Así en virtud de la publicación del primer ejemplar, que como ya dijimos vio la luz el 7 de junio de 1810; en 1938, en el marco del Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en la Provincia de Córdoba, se estableció esta fecha como el Día del Periodista, bajo la inspiración y altos principios con que nació la Gazeta de Buenos Aires: el Primer Periódico Patrio, principios rectores que dieron lugar, décadas después, a la sanción de la Ley Nº 12.908 Estatuto Profesional del Periodista, y que mantienen su vigencia y actualidad desde aquellas lejanas épocas fundantes y revolucionarias de la patria en 1810.

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